Un safari por el singular parque nacional de los Everglades

 

El singular parque nacional conocido como lo Everglades ofrece tremendas aventuras.

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Desde un paseo que bordea parte del pantano se pueden ver los cocodrilos. Cortesía María Aurelia
 

Maria Aurelia

En nuestro traspatio existe la reservación seminola, Big Cypress. Ahí se encuentra Billie Swamp Safari, (BSS). Ambos, ``Big Cypress'' y BSS, son parte del singular parque nacional, conocido como lo Everglades.

Las 2,100 millas cuadradas que componen los mágicos Everglades, al que los indios seminoles llamaron el ``río de hierba'', se extienden desde la parte suroeste del Lago Okeechobee hasta la Bahía de la Florida y el Golfo de México; 1.4 millones de acres forman parte de la flora y fauna protegida del lugar. Sus 50 millas de ancho abarcan una variedad de flora: bosque de cipreses y de pinos, ``hammocks'', o, pequeñas elevaciones de boques de tierra profunda y rica. Estas están repletas de árboles de hoja caduca. Ahí también se encuentran las praderas de junco que alcanzan hasta 12 pies de altura. La fauna de los Everglades es aún más variada. Animales e insectos de clima templado y tropical conviven en su propio hábitat.

Me preparaba para otra de estas aventuras en BSS y llamé a Ray Becerra. Conocí a Becerra en mi primer viaje a BSS. Es el hombre rennaisance de la selva. Un experto naturalista y halconero general del parque, Becerra también actúa como guía de los eventos ofrecidos por BSS. Al contactarlo me preguntó si deseba participar en una actividad de estreno en el parque: un safari fotográfico por los selváticos Everglades. Es decir, que disfrutaría de dos de mis pasiones; los Everglades vistos desde diferentes perspectivas y la fotografía. Al siguiente día, partía para el parque. En menos de dos horas llegué.

Ray me esperaba con una vestimenta estilo clásica de guía cazador, kakis, botas y sombrero de ala. Me explicó que la actividad incluía, como ante sala, refrigerios típicos de la comida seminola. Así fue que sobre una bandeja de ancas de rana, pan de maíz frito y tronchos de cola de caimán, en el restaurante Swamp Water Café, de BSS, me describió lo que pronto experimentaría. A diferencia del otro safari, el Big Cypress Hunting Adventure, que también se ofrece en la reservación, este no es de cacería. Llamado Safari eco-tour, esta excursión busca familiarizar al participante con las intimidades del ``río de hierba''.

El vehí***** que utilizamos se llama el swamp buggy. Con él incursionaríamos por todo ese territorio virgen que no ha sido visto antes debido a su intricada ubicación. Debido a ello Ray, nuestro guía, siempre estabaa comunicándose por medio de walkie talkie con sus colegas en BSS. Antes de partir preparamos una nevera portátil con bastante agua y jugos, y nos lanzamos a la aventura.

Primero visitaríamos la tierra preferida por la pantera de la Florida. Este bellísimo y elusivo felino es ferozmente protegido ya que está en peligro de extinción. Su habitat preferido es el terreno al suroeste, especialmente por el denso boque del área de Big Cypres. La pantera de la Florida es un cougar. Una 30 clases distintas de pantera habitan en difrentes ecosistemas, desde la región del Canadá hasta la Argentina. Solamente otro mamífero en este hemisferio vive en una área más vasta que la pantera: el ser humano.

No obstante el inmenso territorio por donde este felino se desliza, rara vez se deja ver, pero en cambio deja sutiles rastros de su presencia tales como huellas. Tras adrentarnos un poco más en el territorio de estos felinos, repentinamente el guía frenó el vehí***** y me señaló un ciprés de mediana estatura. ``Fíjate en el tronco'', me dijo. Cuando miré ví que tenía unas profundas rasgaduras de varias pulgadas de largo. Ray me explicó que cada cougar macho domina una 200 millas cuadradas... ``Esta es tierra de uno de ellos...'' Me imaginé el poderoso felino vagando solitario, en silencio, por la densa oscuridad de la noche de este bosque tropical...

Bajo el sol feroz del verano de la Florida continuamos la travesía. Frente a mí se abrían praderas relucientes... como si estuvieran cubiertas de plata derretida. Atravesamos un lago de poca profundidad y escuché pisadas fuertes en el agua detrás de mí. Volteándome, vi un grupo de bisontes americanos. Por lo menos 20 de estas majestuosas bestias, atravesaban el lago junto a nuestro buggy.

Tras cruzar el canal encontramos un grupo de avestruces. No hay mal humor que se resista ante la mirada desviada y el físico de estos animales. Al final de su largo y calvo cuello, su pequeñísima cabeza porta ojos que parecen bizcos. Los avestruces, que parecían formar parte de una familia, demostraron gran audacia. Se acercaron al swamp buggy. Rey deceleró el vehí***** y mamá, papá, y, cría, comenzaron a lanzar picotazos al aire en nuestra dirección. Su agresividad los hacía más cómicos aún. Aceleramos el paso, mientras que la descoordinada familia, con unas enormes alas entre abiertas, trataba inútilmente de alcanzarnos.

Unas millas más adentro de la selva, la temperatura descendió unos grados. Estábamos dentro de un hammock, bajo la sombra de densos árboles. Ray me señaló un gigantesco árbol que se destacaba con altivez entre la opulenta flora que lo rodeaba... y que, según mi guía, tenía historias que contar.

El majestuoso ciprés tenía entre 250 y 300 años. Había sido testigo de la vida cotidiana de los seminoles, de la caza interminable La tierra debajo de él sostenía vida y se convertía en vida... y según Rey, de no ser por una canción, ya no existiría.

El Corp. de Ingenieros de los EU diseñó un plan para restituir los Everglades. Este consistía en la creación de canales por ciertas áreas claves. El anciano árbol se encontraba justo en el centro del territorio demarcado. Los amantes del ``ríó de hierba'' protestaron por el eminente derribo del árbol. Todas las voces de protesta no lograban convencer el Corp. de desistir de sus planes. Pero no fue hasta que escucharon la letra de una canción que se detuvieron. Rey apagó el swamp buggy y pudimos escuchar una reproductora de CD que esparcía una melodía en notas menores que irrumpieron el espeso silencio del bosque. La lírica sencilla y poética de, It's Only a Tree, del compositor Okeefonokee Joe, describía la vida del árbol y sus vivencias; desde su comienzo como espiga tierna y trémula, hasta su madurez.

De pronto, una brisa, sutil como un suspiro nos envolvió. Miré hacia arriba y observé las ramas del árbol que parecían moverse al compás de la canción. Un momento singular... un regalo exclusivo de los Everglades... donde aún vive la magia.

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