Tantra

 

Una descarga de placer se percibe al entrar al local, cuando la vibra del lugar te salpica sensualidad y la promesa de noches místicas.

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 Por Betsai Tomé

Una descarga de placer se percibe al entrar a Tantra, cuando la vibra del lugar te salpica sensualidad, ese toque que convoca a descubrir el enigma que se oculta tras la puerta de este club en plena avenida Pennsylvania del South Beach.

Es lunes, y los sentidos, que andan medio amodorrados por la rutina del trabajo, son desperezados uno a uno con sólo trasponer la entrada. El de la vista se despierta de inmediato ante cada ornamento, cada detalle del Medio Oriente exquisitamente dispuesto en techos y paredes. En el piso, alfombras de césped natural refrescan el paso del concurrente, en tanto que una relajante música new-age de fondo y fragancias de jazmín, velas e incienso lo sumergen en una suerte de casi inevitable éxtasis.

Tantra es el punto de encuentro para comenzar la semana con amigos o enamorados, en Fiesta de pasión. Sin duda alguna el local se encarga de alegrar los lunes aburridos, llenándolos de diversión y transformando la rutina del trabajo en una ola de energía.

"Cuando vengo a Miami hago una reservación en Tantra los lunes. Me encanta encontrarme con mis amigos y disfruto de su ambiente dinámico y de la música que cambia constantemente", declara Donny Di Vittale, empresario italiano residente en Key West.

Al entrar por primera vez en un mundo de fantasía hindú como éste, es difícil intuir la sorpresa que nos tiene preparada la madrugada. Porque, rompiendo con los afamados Lunes de recuperación del fin de semana, nace una velada que trasciende lo convencional, con pinturas de hadas encantadas y personajes que parecen salidos de los grabados del antiguo y célebre Kama Sutra.

Un muro de agua refresca la noche, sin salpicar a las modernas belly-dancers que hechizan a los presentes con su espectáculo. A tan sólo unos pasos de una de ellas, es posible distinguir a un risueño cumpleañero que no le quita la mirada a su mini-falda. Al ritmo del tambor, las medallas que le adornan el vientre y su exótico movimiento producen un sonido que acapara la atención.

En la barra, dos deslumbrantes bar-tenders con bronceado natural y cabellos dorados sirven una estupenda variedad de martinis con flores o cachitos de frutas exóticas. 

Si Rati, diosa hindú del amor, la pasión, el deseo y el placer, visitara el club, recorrería sin duda el pasillo con tres cuadros de un rostro indefinido pero bien iluminado, y se sentaría en una de las acogedoras mesitas rodeadas por muros de espejos y un video-bar que muestra escenas eróticas.

Ahí se dejaría seducir por las delicias marinas que comprenden el afrodisiaco menú, como el Tantra Plate (ostras, camarones gigantes, calamares, anguilas, cangrejo, y ensalada japonesa). Los postres son una tentadora alternativa, con coquetos manjares dignos de sultanes, como el Romeo & Julieta (creme brulee de coco y paleta de plátano cubierta de chocolate).

De un tiempo a esta parte, la mayoría de los clubes en South Beach se asemejan en que a su entrada unos hombres bien parecidos deciden quién es el suertudo que puede pasar sin estar incluido en la lista VIP del lugar.

En Tantra, sin embargo, aún es posible disfrutar de su fiesta sofisticada, con sello de exclusividad y aroma mágico de comodidad, y de la que quizás al terminar la música se desemboque en un mar de deseo e ilusión.

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