Studio Café, un desfile de sabores criollos

 

Música y sabores auténticos cubanos en pleno Coral Gables.

Celso Vacallao se aferra al instrumento para encender la fiesta en medio del salón. Alexia Fodere / Especial/El Nuevo Herald
Celso Vacallao se aferra al instrumento para encender la fiesta en medio del salón. Alexia Fodere / Especial/El Nuevo Herald
 

Por Alberto Sánchez l albertosanchez415@yahoo.com

Nadie supo cuál era su nombre, ni quién lo invitó a la fiesta, a nadie le importó cómo llegó a la cocina. Pero lo cierto es que cuando el lechón salió de allí, le hicieron todos los honores que se merecía. Ana Laura González y José “Pepón” Arteaga, una pareja de jóvenes cubanos que suelen visitar el restaurante Studio Café, aseguraron que era el mejor puerco asado que se habían comido en su vida. Lo dijeron así, muy a lo cubano: categórico, contundente, sin dejar lugar para segundas opiniones. Escuchándolos hablar uno se convence de que son tal como decía Alvarez Guedes en sus cuentos y como lo canta Marisela Verena en sus canciones.

Los que buscan baile, diversión y sabor criollo los fines de semana tienen este salón de la calle 23 y la avenida 32 del suroeste. Pidieron unas masas del cerdo, y al probarlas hicieron esa reverencia que vemos en los chefs de los programas de cocina. No dejaron una sola masa, ni un gordo, ni una tirita de chicharrón. Llevaron al pobre lechón hasta el mismísimo hueso.

Lo sacaron a eso de las 10 p.m., cuando la música y el baile ya llevaban dos horas sonando. Asado, contento, feliz, boca abajo y con las patas abiertas. La música se detuvo, los bailadores pararon y todo el mundo lo aplaudió como si fuera una celebridad. En una mesa alguien entonó la famosa parodia cubana, con música de Olvido, de Miguel Matamoros, que se cantaba en los guateques cubanos. El coro decía aquello de: “Ese pobre lechón, que murió de repente, con un clavo en la frente, y otro en el corazón. Lo metieron al horno, lo sacaron ardiente, le metieron al diente, a ese pobre lechón”.

El Studio Café es el salón principal donde está el restaurante del Renaissance at the Gables. El otro, localizado en el primer piso, es dedicado a celebraciones de bodas y cumpleaños.

David Oliva y su grupo Vocal 3 se presentan los viernes y sábados desde las 8:30 p.m. Las cantantes Ivis y Niurka, acompañadas del pianista Carlos Forte, cierran el espectáculo con un repertorio de música bailable latina que termina a las 3 a.m. Los domingos la fiesta bailable se repite en la matinée de las 4 p.m. Puede pedir un bufet que por solo $5 incluye carnes rojas, pollo y ensalada.

Haydée Elías y su esposo Ignacio Santos son los propietarios del lugar. Haydée lleva 40 años en el negocio de bares, restaurantes y preparación de banquetes para fiestas. Dirige el lugar junto a su hija Rosa María Barreras. La historia de su familia es la de muchos cubanos. Nacida en Bejucal, un pueblo en las afueras de La Habana, es descendiente de emigrantes libaneses radicados en la capital cubana a principios del pasado siglo, que tuvieron que empezar de nuevo en Miami en 1959. De muchas maneras, su historia tiene mucho en común con la de sus clientes que vienen los fines de semana a bailar y recordar.

En el Renaissance hay otro salón para banquetes, donde el fin de semana se celebran las fiestas familiares. Está decorado con lujo, predominan los colores rojo y blanco y es conocido por los arreglos florales que lo adornan, que toda quinceañera quisiera tener el día de su fiesta. En las mesas, unas enormes copas para vino brindan a los invitados la oportunidad de probar una variedad de confituras y dulces, en los que los merenguitos cubanos ocupan el primer puesto. Todos los detalles de la comida, la decoración, las fotos y los arreglos florales están a cargo de algún miembro de la familia.

El menú está pensado para despertar nostalgia por aquellos restaurantes cubanos que se dejaron atrás. La lista de los platos preferidos la encabeza el Baby churrasco a la brasa. Le siguen el boliche en su salsa y las puntas de carne de res salteadas, los camarones, la tilapia en salsa verde o a la plancha, y la pechuga de pollo. En los aperitivos se imponen la yuquita frita con salsa de cilantro, los chicharrones de pollo con mojito, las alitas, los calamares fritos, las croquetas, las papas rellenas y los tostones. No entretenga el paladar con vinos o cocteles, acompáñelos con cerveza fría. Cierran este recorrido por la cocina de la abuela el arroz blanco, los frijoles negros y los plátanos maduros. Antes del café, pudín de pan o flan de leche casero. No hace falta más.

El Studio Café tiene algo de aquellas fiestas bailables que hicieron famosos a las sociedades y clubes de la Cuba de antes, como el Buenavista Social Club de Marianao, donde tocaron leyendas como Israel López “Cachao”, Arsenio Rodríguez o el pianista Rubén González. La música, el sabor de la cocina cubana y el ambiente traen esos recuerdos a Miami.  

Studio Café en Renaissance at the Gables, música bailable y comida cubana. Viernes y sábados de 8 p.m. a 3 a.m. Matinée los domingos desde las 4 p.m. Salón para eventos, en 2349 SW 32 Ave. (305) 445-4681

www.elnuevoherald.com 

 

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