Splitsville

 

Splitsville es un universo aparte. Ubicado en el segundo piso de Sunset Place, este lugar se destaca.

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Diversión en Splitsville.
 

Por Mauricio Bayona/El Nuevo Herald

Desde hace mucho tiempo la zona de Sunset, en South Miami, se ha convertido en una deliciosa y agradable alternativa para los amantes de las noches largas, de la rumba dinámica, la buena música, el baile y los martinis. Una zona que toma fuerza todos los días y que sorprende por sus movimientos. Pero nada comparado con Splitsville, una opción muy distinta a las muchas que se encuentran en Miami y que tienen, dependiendo de lo que se busque, su propio publico.

Splitsville es un universo aparte. Ubicado en el segundo piso de Sunset Place, muy cerca de los teatros, en este lugar se destaca todo lo que lo conforma y lo habita. Nada pasa desapercibido cuando se entra a un sitio en el que cada esquina parece haber sido hecha con el detenimiento suficiente como para que llame la atención, como para que sorprenda. Es un sitio para todos. En otras palabras, sus 14 particulares, modernas y coloridas pistas de bolos son el corazón de un lugar que en las mañanas y en las tardes es habitada por jóvenes --y también por los no tan jóvenes-- que quieren jugar bolos al ritmo de rock, disco o soul. Y ni qué decir de las noches. Bolos para los más adultos al son de unos vinos rojos, de una música que hace vibrar la sangre, de todo un lugar que fue pensado en armonía y elegancia.

Es un espacio muy bien pensado. Aparte de sus pistas de bolos --que más bien parecen autopistas iluminadas por un artista contemporáneo-- en Splitsville el ambiente no es un solo ambiente, sino un mundo diferente en el que sucede lo que uno quiera que suceda. Una barra redonda de dimensiones gigantes y perfectamente iluminada es, por ejemplo, un buen lugar para empezar la noche con un martini vodka seco.

Y si quiere más, hay más. Si camina por el piso de colores vivos puede llegar a otra barra más privada, más elegante y más discreta, un poco alejada de aquéllos que pasan la noche entre copas, bolos y gritos cada vez que alguien logra derribar todos los pinos de la pista.

Splitsville es un lugar impactante. Un espacio inmenso que busca seducir al que entra, al que no sólo logra encantar sino que lo enamora. Si no es la barra, si no son sus pantallas en las paredes con lo último que pasa en el deporte, si no es su música que hace hervir y mover más rápido la sangre, si no son sus especiales cocteles, lo son sus sofás de espaldares altos y anchos que sirven para pasar la noche recostado con la gente que más se quiere.

Es un club elegante, con lo último en la moda. Contemporáneo en su decoración, cómodo y dispuesto para hacer pasar noches enteras bien sea bailando, en los bolos, en su mesa de billar, comiendo, viendo a los Marlins, el Heat o a otro equipo de otro estado, entre uno y otro vino o el trago de su preferencia.

Como Splitsville no hay otro lugar en Miami. No porque es rumba, y rumba a la cual la familia pude ir unida. Un espacio que sorprende en Sunset, una zona que, como ya se dijo, todos los días tiene algo nuevo. O mejor, todas las noches. Y allí suelen ser fantásticas

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