Set

 

Set seduce a su clientela con su lujoso interior y escena VIP en el lugar donde el glamour nunca muere.

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Alexis Josif abraza a Mirela González. Foto: Al Díaz
 

Por Lena Hansen

Su lujoso interior, con sofás forrados con telas Pucci, enigmáticos artefactos inspirados en la era de ¨Black Dahlia¨, candelabros de gotas de cristal y ¨souvenirs¨ hollywoodenses, son el mejor anzuelo del local. Set el club del imperio The Opium Group, ha cautivado la atención de los noctámbulos con su fastuoso diseño, que recuerda el glamour del Hollywood dorado de las décadas de los años 30 y 40. ''Imita el look del viejo Tinseltown. Hay varias referencias egipcias, ya que en esa época la película Cleopatra causó sensación.

El Trophy Room, el salón VIP en los altos, imita al cuarto de galardones de un gran actor o un director de Hollywood'', comenta su publicista, Vanesa Menkes. La estatua de Anubis, el dios egipcio que cobraba la forma de un chacal y que como centinela vigilaba las momificaciones y las necrópolis, protege las escaleras que llevan a este salón VIP, con un abanico de plumas en la mano como para ahuyentar los malos espíritus. El salón, visitado por celebridades como la ex princesa del pop Britney Spears, el roquero Tommy Lee y la supermodelo brasileña Giselle Bundchen, cuenta con una barra y un tocador privados, cómodos butacones de piel y un gran ventanal desde el cual se puede observar la acción en la pista de baile. ''Siempre estamos al acecho de eventos interesantes y exclusivos.

Escaleras tapizadas con estampado de leopardo conducen al segundo piso del club, donde se encuentra su salón de hip hop, bañado en luces multicolores de LED. Aquí no sólo se escucha lo nuevo de Jay-Z; también hay pop y rock de los años 80 y 90, donde se luce su avanzado sistema de sonido EAW Avalon. En sus cuatro barras se sirven más de 100 variedades de licores, vinos y champañas. Su decoración, una colaboración de The Opium Group y la agencia francesa Francois Frossard Design, preserva el dramatismo del local que antes de convertirse en club nocturno fue un teatro. Desde que abrió sus puertas en el transformado espacio de 10,000 pies cuadrados --que antes lo ocupó el club State-- se ha convertido en uno de los favoritos de los parranderos locales. Su lujoso interior, con sofás forrados en telas Pucci, enigmáticos artefactos inspirados en la era de Black Dhalia, candelabros de gotas de cristal, souvenirs hollywoodenses, paneles de ébano y cristal de fibra óptica que cambia de color, y una moderna chimenea de cristal con piedras y llamas danzarinas a la entrada, es el mejor anzuelo del local.

Siete pantallas gigantes distribuidas por todo el local trasmiten lo mismo gráficos que películas de estreno, pero la atención la acaparan sus sensuales bailarinas. Ataviadas con brassieres plateados, pantis de lentejuelas negras, medias de malla, sombreros de copa y bastones (para mantener a los caballeros bien domesticados), bailan sobre la barra del salón principal, donde se escucha música house. Otras provocan detrás de las vitrinas de sus elevadores en forma de tubos que sirven de plataformas a los bailarines más osados. Con este entorno, no se sorprenda si se topa con el espíritu de la Hollywood darling Greta Garbo sorbiendo un Cosmpolitan.

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