Seasalt & Pepper: la buena vida junto al río

 

Seasalt & Pepper es el lugar al que acuden a cenar, tomar copas y, de paso, menear un poco el esqueleto el jet set de Miami.

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Por Sergio León

La sal marina y la pimienta son ingredientes codiciados por la humanidad desde la antigüedad para la preparación de alimentos. Por su uso e importancia han transcendido al argot popular como símbolos de disfrute y energía. Por eso cuando alguna fiesta o persona es aburrida o no está en el punto preciso que nos gusta, decimos: “¡Le falta sal y pimienta!” Si bien los ingredientes precisos son clave para una buena receta, la cantidad justa y la combinación armoniosa de muchos otros factores son primordiales para el éxito de cualquier empresa.

La gerencia de Seasalt & Pepper, el lugar al que acuden a cenar, tomar copas y, de paso, menear un poco el esqueleto el jet set de Miami en estos días –lo mismo en lujosos coches que en sus botes privados–, está dando pruebas de ser autoridad en asuntos de gastronomía y entretenimiento. Apenas se pone un pie en la entrada, el portero y las anfitrionas se muestran afables y dispuestos a acomodarlo –primera señal de buena onda–, aun cuando el sitio está abarrotado.

“Hemos venido en varias ocasiones sin reservación y a pesar de que es el sitio más caliente de la ciudad en estos momentos, no se dan tanta importancia. Siempre nos encuentran lugar, aunque sea en unas banquetas alrededor de la barra, donde igual la pasamos chévere. Podemos picar cualquier cosa de la carta; todo es sabroso hasta el mero pan hecho en la casa. Tomamos unas copas de champaña, escuchamos buena música y nos entretenemos con el espectáculo humano”, cuentan Mauricio y Askal.

La atención al detalle es otro de los atractivos del sitio. El comedor, la terraza, el lounge y el salón para VIP, total o parcialmente al aire libre, están decorados siguiendo el tema marítimo, a tono con el entorno. La tripulación va ataviada de acuerdo a rango y género. Los hombres llevan sacos de inspiración marinera, de impecable sastrería italiana, y las chicas, vestidos ceñidos de encaje color arena. Con algo de imaginación, unas cuantas sangrías moradas –elixir original de la casa– en el cuerpo y algún que otro platillo afrodisiaco preparado por el maestro Alfredo Alvarez es muy fácil sentirse como un pasajero privilegiado, a bordo del único trasatlántico de lujo con más caché de la comarca.

Al timón de la energía musical del lounge, de miércoles a domingo, está el DJ Pierre Zonzón, quien según el vaivén del río y la hora musical empieza con un rico chill para lounge y más tarde pasa a un contundente deep house hasta cerrar la noche. El domingo empieza la diversión desde el mediodía. La parafernalia tecnológica sobra. Con excepción del sonido, que sí es bueno, de adornarlo todo se encarga el fabuloso espectáculo de rascacielos del downtown y de Brickell. Otro atractivo singular es el de disfrutar visualmente a la clientela de famosos que llega, como Gloria y Emilio Estefan, Beyoncé y Jay Z, William Levy, Ricardo Arjona, Tommy Motola y Thalía, el DJ Bob Sinclar, entre tantos anónimos igual de coloridos.

Seasalt & Pepper está de moda no por casualidad. Stephane Dupoux, el visionario creador de Nikki Beach, Pearl y los Buddha Bar Resorts, con el complemento de la maestría culinaria del chef Alfredo Alvarez del legendario restaurante Giacosa, junto a Carlos Miranda, capitanean este barco. Ponen rumbo a un destino donde comer, beber, disfrutar la música suave, bailar o no bailar son las opciones que redefinen la idea convencional de la diversión. Mientras dura el viaje, fiesta y banquete están en su punto exacto de sal y pimienta.

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