Ratatouille Bistro

 

Los dueños de Café Maurice abrieron el nuevo Ratatouille Bistro en el antiguo espacio de 8 1/2 del Hotel Clinton en South Beach.

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Ratatouille at the Hotel Clinton.
 

Por Sara Liss

¿Qué y quién?
Los dueños de Café Maurice abrieron el nuevo Ratatouille Bistro en el antiguo espacio de 8 1/2 del Hotel Clinton en South Beach. Más Cote d’ Azur que el centro de París, este nuevo  lugar es menos ruidoso que el Café Maurice e intenta ser  un “brasserie” de comida fina en un ambiente sencillo.

El comedor de 8 1/2, que era relativamente pequeño, ha sido renovado por el diseñador francés Hervé Tapin para ahora incluir luces multicolores, pósters de películas clásicas francesas y botelleros de vinos suspendidos sobre la barra. El jardín exterior, que tiene lo que debe ser la piscina más pequeña en South Beach, es un escenario muy atractivo con mesas bajo la luz de las velas y sombrillas anchas, con música suave de fondo. Los toques gálicos, como un menú mayormente en francés en una pizarra en lugar de copias impresas, añaden a la experiencia íntima.

El menú:
Es cocina francesa mediterránea enfatizando el pesado fresco y los mariscos. El Chef Gerard Chauvet, un chef celebridad del Sur de Francia, ofrece un menú conciso de los clásicos de un “bistro” como “Escargot de Bourgogne”, caracoles salteados con perejil, mantequilla y vino blanco, sopa de “Poisson” hecha en un caldo con un sabor sutil a azafrán y “foie gras” en tiritas.

Los precios se mantienen a la par con el ambiente europeo, con aperitivos que varían entre los $9 a $13 y los platos principales de $17 a $30. Un “amuse bûche” de “brûlé” de espárragos prepara el paladar para la fina comida que está  por degustar. Los aperitivos incluyen un “terrine” de berenjena, o un gran pedazo de berenjena picada, chalotes y ajo  con una galleta de queso parmesano. El salmón a la tártara es un **1** delicado de pescado curado en cítricos servido sobre tomates cortados en cubos. El “pave de loup”, un plato de róbalo en un caldo dulce de hinojo, viene acompañado por espárragos asados y patatas majadas, mientras un “dorade” entero es presentado y luego deshuesado al lado de su mesa, añadiéndole un nivel extra de drama al ritual de la experiencia de la cena. Algunos de los abundantes acompañantes que se ofrecen son “confit” de patatas y “ratatouille”.

Aquellos que están ansiando un postre auténtico francés tienen muchas alternativas de dónde escoger: desde un “crème brûlé” suficientemente grande como para compartir, y un “île flottante” o una isla flotante, que es una montaña de merengue sobre “crème anglaise”.

El veredicto:
A pesar de que Ratatouille carece del estilo de los “jet-setters” de Maison d’Azur, es una alternativa amable a su cartera que ofrece un ambiente romántico parecido y donde los francófilos pueden disfrutar de su dosis de pescado.

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