Nocturnal

 

En medio del centro de la ciudad de Miami y a unos escasos metros de Space se encuentra el gigante rival de la vida nocturna.

Nocturnal
Foto: Gastón de Cárdenas.
 

Por Sergio León

En medio del centro de la ciudad de Miami y a unos escasos metros de Space, el gigante rival de la vida nocturna, se encuentra situado Nocturnal, el nuevo centro nocturno de Miami que ocupa un área de 20,000 pies cuadrados, repartidos en tres pisos abarrotados con lo mejor del diseño en la industria del entretenimiento y la más avanzada tecnología. Desde su apertura el pasado mes de mayo,

Nocturnal ha sido la sede de fiestas privadas y eventos especiales tales como los afters de Alonzo Mourning. Zo's Summer Groove, y la de P. Diddy para los premios de MTV. Los famosos Jamie Fox, quien vino en calidad de invitado y terminó pinchando discos en la terraza, el rapero Busta Rhymes, Sofía Vergara y hasta Prince han desfilado por el sitio sin ocultar su apreciación.

"El concepto es muy simple", asevera el dueño, Glenn Kofman, "quisimos crear un lugar único en su tipo con lo mejor que existe en diseño de interiores, visuales, sistema de sonido, pinchadiscos y también empleomanía".

 La construcción de Nocturnal costó $15 millones y fue resultado de la labor conjunta de Kofman con dos grandes expertos en materias de centros nocturnos: Telesco, quienes administran la cadena de centros nocturnos Crobar, así como Privé, Mansion y Rain respectivamente. Con el propósito de proporcionar una experiencia sensorial completa a niveles nunca antes vistos, eligieron a Tony Andrew, quien junto a Dan Agne y Dean McNaughton construyeron, expresamente para el sitio, un sistema de sonido que comprende mezcladoras, control de sonido automático y unidades de efectos con la máxima resonancia y la más fina nitidez. Como si fuera poco, se incorporó una selección de lo más ultramoderno en tecnología de visuales. El maestro de la iluminación, Steve Lieberman fue contratado para diseñar los efectos visuales de todo el recinto.

En la noches de fiesta, la multitud conglomerada en las afueras de la entrada principal es bienvenida por el reflejo de las luces multicolores de la fachada. La ansiedad por la emoción y la sorpresa que depara la noche, crece en la medida en que pasan el tiempo y los monitores extraplanos en la paredes anticipan momentos de la noche. Una vez en el interior del club, el visitante es recibido por tres inmensos bares, juegos de luces alucinantes y la euforia de los que bailan desinhibidamente al ritmo de la mejor selección de hip hop.

La energía aumenta al ascender al segundo piso por la escalera de cristal donde el cliente se encuentra con tres espacios cada uno ambientado de una manera distintiva. Las elegantes banquetas adornan los reservados para invitados especiales, quienes además de disfrutar de la privacidad y el servicio exclusivo pueden participar indirectamente de la euforia de los bailadores en la pista de baile del primer piso. Le sigue la sala de estar Uber, a donde se pueden retirar los que prefieren unas copas en un ambiente más privado. Finalmente, para los que aman los ritmos latinos animados por la interpretación en vivo de un percusionista, la sala de cristal ofrece esta opción en un espacio aislado del resto pero sin privar a los voyeurs de lo que acontece a su alrededor.

El clímax de la experiencia nocturnal está en la terraza del tercer piso que climatizada por el fino rocío y los gigantescos ventiladores sirve de sede a la popular fiesta Aquabooty, donde bajo las estrellas y hasta el amanecer se baila al ritmo inconfundible de Edwin Adams, Omar Suardy y Steven Flynn (DHM). Los chicos DHM abren la noche de los viernes decididos a poner a bailar a su público con lo mejor de la música afro-latina, deep house y más tarde ceden los platos de hierro a DJ consagrados de la talla de Marques Wyatt, Harvey, Frankie Feliciano, King Britt y el aclamado Miguel Migs. "Con nuestra fiesta intentamos salvar al mundo de la mala música", afirman Tomás Ceddia y Joe B. Gray, los promotores. Los asiduos a la terraza están protegidos de las inclemencias del tiempo por un inmensa carpa blanca que, sostenida por mástiles, sirve de pantalla a un sistema de proyección de efectos visuales para entretener a los bailadores lo mismo con una lluvia de cuentas que con una invasión de burbujas, una experiencia sensorial comparable únicamente con las de Disney World.

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