Mynt

 

Mynt es una de esas leyendas nocturnas de South Beach que todavía perduran con el frescor de la noche.

Mynt
Simone, Marissa y Rudi. Foto: Pedro Portal.
 

Mynt es una de esas leyendas nocturnales de South Beach que todavía perduran. El lounge, de marcado corte metropolitano, hace años cambió por completo el panorama de la avenida Collins, entre las calles 19 y 20, luciendo una pintoresca y selectiva clientela dispuesta a esperar el tiempo que fuese necesario con tal de ser elegida y vista entre los privilegiados que participaban de la experiencia.

Lo cierto es que para muchos el lugar bien merecía la espera. En el interior, en medio de una elegante ambientación al estilo de los años 20, con acentos en color verde menta -alegóricos al nombre- se disfrutaba de una noche donde flirtear, lucir los últimos gritos de la moda y codearse con los invitados VIP más exclusivos de la ciudad era normal y rutinario.

Roberto Caan, connaisseur de los artificios de la vida nocturna, fue de los primeros en notar que en La Playa sobraban los lugares para los que no les importaba pasar la noche inadvertidos en la pista de baile de cualquiera de sus clubes despampanantes y ruidosos, pero nada de opciones para los que preferían un ambiente más personal donde socializar y exhibirse.

Sin perder tiempo, y con la ayuda de Nicolás Siervo, creador conceptual del sitio y autoridad en materia de centros nocturno, Mynt elaboró un programa de eventos que incluía las siete largas noches del Winter Music Conference con sesiones por parte de la casa disquera Ministry of Sound, la fiesta de Ingrooves, Playboy Mansion y los mejores fashion shows. Se instaló un sistema de sonido Pioneer de alta fidelidad con dos consolas para que los DJ más codiciados de la comarca, como Felix DaHouseCat, David Guetta y los venerados internacionalmente Armand Van Heussen y Peter Tong hicieran alarde de su virtuosismo.

El lounge de color menta hizo su entrada por la puerta grande a un mercado donde muchos llegaban pero pocos duraban. Nadie hacía ni los Mynt-tinis -una modalidad de martini, sello de la casa- ni las fiestas iguales o mejor que Mynt ¿Rivales? No existían.

Mynt aún se vanagloria de ser el único club que no cuenta con una lista de invitados especiales exentos de pagar su consumo. Si no se es famoso, sólo hay una forma de atravesar la impenetrable cuerda de terciopelo rojo sostenida por los elegantemente vestidos y bien parecidos porteros: acompañado del propio Roberto Caan o de sus semejantes.

Eso sí, una vez adentro, todo se vale. Las mujeres se acarician entre sí, en un deja vu de Girls Gone Wild. Los hombres de apariencia un poco andrógina u obviamente gay tienen su espacio. Y como es normal, los más conservadores campean por su respeto. En fin, cada uno a lo suyo.

Para estar aun más a tono con las últimas tendencias, el lounge cambia de look todos los años. Algunos clientes, como Armando Suárez, DJ profesional, piensan que algunas cosas no han cambiado para bien. "La música sigue siendo la mejor, pero el DJ no esta mezclando esta noche; es buena porque los números fueron bien escogidos, pero eso es todo. Además, es muy obvio que si no ordenas Clicquot no eres atendido con exquisitez". Otros, como Melanie Bulotta -meneando desaforadamente el estampado Emilio Pucci-wanna-be de sus pantalones- opinan que el lugar siempre tiene una buena fiesta y es zona franca para los desinhibidos.

Mynt sigue haciéndose notar en Miami. Los ricos y famosos como Enrique Iglesias, David LaChapelle y Nicole Richie no se han olvidado de las noches de Gaviria al estilo Mynt que acá pasaron y siempre regresan por más.

Otro cambio fácil de notar es que el club, en una noche cualquiera, ya no se llena a tope como antes. Quizás porque va siendo hora de distinguir en la puerta a esos fieles clientes que todavía acuden al lugar en las noches de juerga, aun cuando sobran las opciones en esa misma avenida; quizás porque el prometido servicio para la mayoría de los presentes no es de guantes blancos como se promete; o a lo mejor porque se le teme a la arrogancia y la volátil agresividad de los bouncers que cuidan la puerta en el interior del club.

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