Moonchine, la comida en su punto justo

 

El ambiente de Moonchine suele aderezarse con tardes y noches de conciertos, karaokes, clases de salsa y tango.

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Christina Bohnstengel, Cullen Cramsy y Sonia Przulj. Alex Mateo de Acosta / Especial El Nuevo Herald
 

Por Eliana Silva

Visto desde afuera es un edificio discreto como cualquier otro. Algunos ni siquiera lo han visto. Otros pensarían que se trata de una construcción más de la zona.

Pero dicen que en el detalle está la diferencia. Y eso es precisamente lo que tiene el edificio del 7100 Biscayne Blvd., el restaurante Moonchine, un espacio que parecería trasladar a sus comensales hacia un pequeño mundo oriental, un mundo estacionado en la década de 1960.

No hay rincón que se escape a la influencia asiática de su entorno, desde las paredes cuidadosamente adornadas con kasas y otros sombreros de estilo japonés, hasta los techos, imponentes y vistosos, que sorprenden por sus detalles grabados a mano y sus pequeñas lámparas colgantes.

Esta y otras particularidades del restaurante Moonchine convencieron a su dueño, el francés Jacques Ardisson, de que saldría ganando con el tiempo.

Más aun cuando el ambiente de Moonchine suele aderezarse con tardes y noches de conciertos, karaokes, clases de salsa y tango. La oferta es tan diversa como su público.

Ardisson abrió Moonchine luego de haber acumulado un buen número de experiencias culinarias y viajes por todo el mundo. El día a día no solo amplió su visión de la cocina oriental, sino también lo alentó a conocer más sobre las múltiples combinaciones que ofrece la gastronomía asiática.

Para los fanáticos de la buena comida y las exquisiteces –ya sea a la hora del almuerzo o de la cena– Moonchine es sinónimo de garantía y solidez en su oferta gastronómica. No en vano Ardisson ha tenido otros nueve restaurantes en el sur de la Florida, cada uno exitoso, cada uno sobresaliente y con un menú de platillos que han dado espacio al toque artesanal.

¿Será Moonchine la última creación de Ardisson, el artista culinario? Por ahora, dice que sí, que ya es hora de hacer a un lado el trajín y la presión que acompañan a todo nuevo proyecto.

Pero mientras Ardisson se da un respiro y acaso se toma las cosas con más calma, las especialidades gastronómicas de Moonchine seguirán tomando impulso y popularidad entre los miamenses de buen paladar y turistas de todas partes.

Su menú incluye delicias de Tailandia, Vietnam y Japón, e inspiraciones que llegaron para quedarse, como el Massaman Curry, preparado con una generosa guarnición de papas hervidas, trozos de aguacate fresco y zanahorias rociadas con leche de coco tibia y castañas, es solo un ejemplo de que la comida de Moonchine es cosa seria.

Otros platos destacan por su derroche de sabores, aromas e ingredientes cocinados a su punto. Uno de ellos es el pato crocante bañado en salsa de albahaca, con cebollas acarameladas y pimientos.

Por los precios, ni se preocupe. Sin llegar a estándares muy altos ni precios que podrían trepar hasta las nubes, Moonchine ofrece entradas, sopas, ensaladas y platos de fondo, entre otros, que no superan los $20.

El servicio personalizado es otra de las especialidades de la casa; la norma dicta que usted deberá ser atendido como si fuese un cliente VIP.

En el terreno de las bebidas y los licores, Moonchine tampoco pierde el tiempo. Su barra siempre está arriesgando con nuevas presentaciones, combinaciones exóticas y tragos que no se encuentran en ningún otro lado, como el Sake Mojito.
¿Del postre? Ni se preocupe. Hay mucho y de lo bueno. En todo caso, solo es cuestión de asomarse.

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