Mojito andaluz

 

Fusión del flamenco y ritmos afrocubanos

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Sarah Moreno - smoreno@elnuevoherald.com

“Me gusta por la mañana, después del café bebido, pasearme por La Habana con mi cigarro encendido”, dice una guajira flamenca, uno de esos “cantes de ida y vuelta” que tienen el sabor de España y América y que los musicólogos no se ponen de acuerdo si los españoles los llevaron a Cuba, o si a su regreso a la Península, los trajeron en la maleta para recordar la isla.

La guajira flamenca, que se baila con bata larga, mantón, abanico y castañuelas, es una de las piezas que se interpretarán esta noche en el espectá***** de flamenco y bailes afrocubanos, Mojito andaluz, en el Deauville Beach Resort, en Miami Beach. La fusión de rumba flamenca y ritmos afrocubanos, del son y la conga, con el cante y las palmas, el taconeo y la chancleta, es presentada por la compañía Siempre Flamenco, de Paco y Celia Fonta, en colaboración con la coreógrafa y bailarina cubana Elena García.

“La guajira flamenca es un baile muy dulce y muy bonito, con una parte lírica muy tranquila, con letras como las del punto guajiro cubano y que se baila como el flamenco”, explica el cantaor y guitarrista Paco Fonta, que ha compuesto para estrenar en el espectá***** un tanguillo, “un ritmo muy antiguo de Cádiz”, que se nutre de esas influencias que cruzaron el Atlántico.

“Empiezo a tocar el tanguillo en la guitarra y cuando entran los tambores, no te das cuenta de que ha habido un cambio de ritmo; la única diferencia es que se siente la energía de lo afrocubano”, comenta Fonta sobre los puntos en común entre el flamenco y la música afrocubana. El cantaor de Jaén, que ha hecho de Miami su casa desde hace más de tres décadas, estará acompañado en la percusión por Ignacio Núñez y Michael Font.

Mojito andaluz se presentó por primera vez en el Rincón de Casa Panza en el 2007, y posteriormente en una celebración del mes de la Hispanidad en Opa-locka y en un festival de danzas tradicionales en Nashville, Tennessee. Con un elenco de bailarines y músicos que se han acoplado en la práctica, el espectá***** es sobre todo el resultado de la colaboración y la amistad de las bailarinas Celia Fonta y Elena García, quienes bailaron juntas por primera vez en el show Guaguancó gitano, que presentó el Ballet Flamenco La Rosa en 1994.

“Celia y yo siempre nos hemos llevado muy bien artísticamente, las dos somos muy elásticas en cuanto a la manera de expresarnos”, comenta García, contando que ambas han ido descubriendo que tienen mucho en común, desde la edad hasta la estatura.

“Elena y yo vamos a bailar El mar, una pieza que tiene mucha sensibilidad y sentimiento y, que expresa cómo nos sentimos ahora, en nuestra madurez artística”, expresa Celia, estadounidense de Chicago que fue a estudiar flamenco a España y lleva 25 años bailándolo.

Por su parte, García demuestra esa madurez con un mayor interés por el mensaje que lleva con cada movimiento. “Más que el virtuosismo técnico, al que le daba más importancia cuando era más joven, hoy pienso en el espectá***** como un conjunto, sin detenerme sólo en mi parte”, expresa.

“También está mi deseo de trasmitir conocimientos a las nuevas generaciones”, añade García, que ha sido profesora de la New World School of the Arts y de la Florida International University, y que en el 1997 creó el estudio de danza y compañía afrocubana Iroko y, más recientemente, Elena García Dance Project, con el que se enfoca en la coreografía.

Tres antiguos alumnos de García bailarán en Mojito andaluz: Diane DeWindt, Nick DaCosta y Darryl Abraham. Celia, que imparte clases privadas, también contará con una de sus alumnas, Patricia Morales, quien bailará la guajira flamenca Me gusta por la mañana.

La pieza Encuentro, que representa un diálogo entre lo español y lo africano, une a Celia con Abraham y permite al bailarín ofrecer un solo inspirado en Changó, uno de los orishas de la religión afrocubana. Por su parte, García bailará también con Abraham el conocido son A la loma de Belén y ella misma hará un solo inspirado en Yemayá.

El número Espacio abierto, que establece un vínculo entre la danza moderna y los ritmos tradicionales como el flameco y los afrocubanos, reúne a los seis bailarines en escena.

Como en las buenas fiestas, al final todos bailan una conga, a ritmo de la música de carnaval

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