Miami City Ballet y la inventiva de Alexei Ratmansky

 

Orquesta de Cleveland y ‘La Valse’ de Balanchine

BALLET12.jpg

OLGA CONNOR | Especial/El Nuevo Herald

Grandes incógnitas han rodeado el nuevo ballet del coreógrafo ruso Alexei Ratmansky, artista residente del American Ballet Theater de Nueva York, invitado por el director artístico del Miami City Ballet Edward Villella, para montarlo con los bailarines de esta compañía, un nuevo proyecto junto a la Orquesta de Cleveland.

Ratmansky es uno de los dos grandes coreógrafos actuales según el crítico de The New York Times Alastair Macaulay, quien lo compara con Mark Morris, por considerar a ambos discípulos en estilo del fallecido Balanchine. “Me siento muy honrado ante esa comparación: Mr. Morris es uno de mis coreógrafos favoritos”, acota Ratmansky, quien añade que su anhelo al venir a Miami fue “crear un buen y exitoso ballet, destacar a los maravillosos bailarines del MCB, complacer a Edward, y tener un satisfactorio y memorable proceso en el estudio”.

Este es otro tour de force para el MCB, después de estrenar en enero la obra Víscera, del joven coreógrafo inglés Liam Scarlett. Pero Ratmansky no sólo crea proyectos propios, sino que renueva coreografías clásicas. “Yo coreografío ballets sobre la música que yo amo, o con las que quiero tener una experiencia, o para aprender más”, comenta. “Pero también me parece muy interesante escenificar trabajos clásicos ya existentes, con los que tengo la libertad de escoger y usar mi gusto y mi comprensión de la obra. Encuentro que es la mejor educación para los coreógrafos”.

Ex director artístico del Ballet Bolshoi en Moscú, su predilección por la música en el ballet es notable. Fue él quien escogió Symphonic Dances, del compositor ruso Sergei Rachmaninoff para esta función única que se celebrará mañana jueves primero de marzo en el Adrienne Arsht Center, bajo la batuta de Tito Muñoz.

Una serie de referencias fílmicas en Hollywood han hecho de Rachmaninoff (1873- 1943) el compositor ruso de música clásica por excelencia en Estados Unidos. Su estilo evoca la fuerza vital del romanticismo tardío del siglo XIX. Al final de su vida quedó con el fuerte deseo de que se coreografiara su última composición Symphonic Dances, de 1940, que estrenó en 1941 el músico que se la orquestó, Eugene Ormandy, con la Orquesta de Filadelfia. “Es que esta pieza musical constituye un gran reto”, afirma Ratmansky. “Es además muy rusa; sé que algunos coreógrafos la han usado, pero no he visto sus trabajos”.

La obra trae su carga autobiográfica, es como un resumen de todas las piezas de Rachmaninoff, su verdadera vida musical. “Sería una experiencia personal para el compositor, pero tiene el poder de ser personal”, apunta el coreógrafo acerca de su interpretación. “Yo confío en mis oídos y reacciono a lo que oigo”.

Los bailarines intuyeron esta tensión dramática en el progreso de los ensayos. Jeanette Delgado, sobre la que se ha montado el ballet al lado de su hermana Patricia (que por una lesión no podrá bailarlo), avanzó la idea de que era como entrar en la historia de Alicia en el país de las maravillas, un mundo de varias historias inconexas. “El quería un personaje central, tratando, indagando, hay ciertos personajes como figuras del padre y la madre”, contó.

“Es una cuestión de lo que es más natural para el ballet, ¿es solamente danzar o es narrar historias?”, cuestiona Ratmansky, que antes confesó al MCB que aquí mezcla la narrativa con lo abstracto. “No creo que sea posible dar una respuesta definitiva. Experimento tratando de balancear ambas cosas. No se puede traducir la danza en palabras, ni cuentos al ballet, ni música a los relatos. Así que las historias del ballet no son literales, como en la música, oímos que es dramática o trágica, pero no tenemos idea de qué drama se trata”.

Esta música tiene tonos oscuros en algunos pasajes. “Hay muchas maneras de hacer la danza más oscura”, explica Ratmansky, sin negar este hecho, “empezando por las luces, y cuando no quedan pasos que lo muestren, hay gestos y otros medios de ‘contar historias’ ”. También hay símbolos en el vestuario, como explica la diseñadora francesa Adeline Andre, que debió diseñar trajes rasgados para uno de los movimientos y de gasas de seda japonesa muy sutiles para otro. “Piensa en un paisaje nevado en Rusia”, le dijo Ratmansky para uno de los diseños, que se cambian en cada movimiento para cada uno de los 24 bailarines.

“El cambia los pasos clásicos”, dijo Jeanette Delgado antes de ampliar en sus notas en la página del MCB que “todo estaba en el port de bras [específicos movimientos de brazos]”, para explicar cómo se diferencia con la coordinación clásica entre los brazos y los pies. ¿Es como si estuviera quizás inventando pasos de ballet?

“Es muy interesante lo que dice Jeanette, quisiera inventar pasos, aunque no, ése no es el caso, es en realidad darle color a los pasos que ya existen, para hacerlos de manera diferente. A veces es difícil nombrar los pasos, pero siempre puedo mostrarlos”.

Speak Up!