Mango's Tropical Café

 

Mango's se ha mantenido como un favorito de los miamenses atrayendo a cantantes, actores, políticos y deportistas.

Mango´s Tropical cafe
Foto: Tomas Loewy
 

Por Lena Hansen

Por años, Mango's Tropical Café, en la Calle Nueve y Ocean Drive, ha sido un punto de encuentro para turistas y bailadores locales en busca de sabor latino. Bailarinas vestidas con exóticos leotardos que parecen pintados sobre sus voluptuosas curvas invitan a los que transitan por esta popular avenida de South Beach a aventurarse a entrar a este oasis.

Mientras que la mayoría de los locales en South Beach duran poco tiempo, Mango's se ha mantenido como un favorito de los miamenses por más de una década, atrayendo a cantantes, actores, políticos y deportistas.

"La clientela de Mango's es variada e impredecible. Aquí ha venido desde Bill Gates hasta Andy García, quien se subió al escenario a tocar los bongós", comenta su fundador, David Wallack.

El empresario americano abrió las puertas de Mango's en marzo de 1991. En ese entonces, en el club se tocaba mayormente rock y reggae. No fue hasta que Wallack conoció al maestro de jazz "afrolatino" Miguel Cruz, quien en su época dorada tocó en la banda de Carlos Santana, que los ritmos tropicales comenzaron a escucharse en el club, hoy una de sus características irrevocables.

Otro de los factores que distingue a Mango's son sus guapos bartenders y sus atractivas meseras, que lo mismo preparan un mojito que sirven una orden de tostones, que se suben sobre la barra y bailan la rumba.

"En el 94 Miguel Cruz se presentó por primera vez en Mango's y se armó una revolución. Las meseras y los bartenders se subieron a las mesas y comenzaron a bailar. Así surgió la idea de tocar música latina y de que nuestro propio staff entretuviera a los clientes", recuerda Wallack.

El empresario aprovechó el momento para contratar a un coreógrafo que les diera clases de baile a sus empleados y un estilista que diseñara sus vestuarios. Así también surgieron los sensuales "uniformes" de Mango's: leotardos con estampados de piel de animal o motivos florales, atrevidos escotes y minifaldas para las chicas, y conjuntos de pantalón y camisa para los chicos, que les da un irresistible look de latin lovers.
También hay bailarines profesionales de samba, salsa, música urbana y tango que deleitan con presentaciones impromptu.

Una pareja de bailarines de tango acaparan las miradas en el nuevo Mojito Room con un impresionante performance, a la vez que en el Voodoo Room un conjunto de bailarines vistiendo un atuendo callejero bailan al ritmo de La gasolina.

El acogedor Mojito Room, en el segundo piso del club, abrió sus puertas hace apenas dos meses. Este espacio, con una elaborada barra, pista de baile y área con sofás tipo lounge recrea el glamour de la Cuba de los 40 y 50.

Un músico toca los timbales mientras que la salsa que se desborda por las bocinas del salón mantiene a los bailadores marcando casino, y en el primer piso el grupo Latin Connection interactúa con la audiencia desde la tarima central.

Por otra parte, el Voodoo Room del segundo piso ofrece una explosiva fusión de ritmos urbanos como el hip hop, el reggaetón y el rap, a cargo del carismático DJ Juan Mario "Mayito".

Otro sello propio es su excéntrica decoración. Sus vivos tonos y juegos de luces dan la impresión de que acaba de estallar en su interior un arco iris. Los motivos florales y enredaderas que cubren sus paredes transportan a los presentes al medio de una selva, mientras que los balcones que bordean su planta alta le añaden un toque caribeño. ¿Quién iba a imaginar que antes de ser un nightclub el local era nada menos que un asilo de ancianos?

Quizás "los ángeles" que rodean el club, como asegura su propietario, sean los responsables de su rotundo éxito. O quizás se deba a su colorida aura y ese llamativo letrero de neón que anuncia la llegada a este surreal universo.

"Estamos abiertos los siete días y noches de la semana y milagrosamente siempre estamos llenos; lo único que hace que cerremos nuestras puertas son los huracanes", garantiza Wallack.

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