La Zaragozana

 

La Zaragozana Night Club es un buen pretexto para pasarlo bien y el mejor remedio contra la tristeza

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Rosalia Rivera y Alexis González en La Zaragozana Night Club. Foto: Alex Mateo de Acosta
 

Por Nestor Proveyer

La Zaragozana Night Club es uno de esos lugares creados bajo el hechizo mágico del mito que transgrede los límites de lo cotidiano para convertirse en leyenda urbana.

Todo comenzó cuando el antiguo Mambo Five fue adquirido por un nuevo dueño que se propuso darle otra dimensión al lugar. El primer paso fue ponerle nuevo ``santo y seña'' para que etílicos y rumberos supieran que la fauna urbana tenía una nueva madriguera de goce y diversión. Después necesitaba de un avezado Capitán que manejara un concepto que atrajera en poco tiempo a los bailadores al lugar, en una ciudad donde las propuestas interesantes abundan a granel.Para ello escogió al más idóneo de los mortales que habita la Ciudad del Sol, Mario Osorio: habanero de mil bares, que desde 1988 había creado con su Club Hispano de Solteros el sabroso antídoto contra la soledad y el tedio, asentando en su cuaderno de bitácora más de 107 actas de matrimonios y miles de años ganados al aburrimiento.

Así es que desde el 25 de julio del 2009 todos los fines de semana, bajo el conjuro de una noche nueva, se dan cita cientos de bailadores bajo el axioma de disipar sus penas o encontrar su media naranja. La Zaragozana se nos ofrece única, con una amplísima pista de baile escoltada en ambos lados por una barra sugerente donde cada semana hay tres especiales: el primero con tres tipos diferentes de whiskys, el segundo, con una cerveza y, por último, un coctel. La movida comienza a las 9 p.m. los viernes y sábado terminándose casi al amanecer (4 a.m.), y a pesar de la crisis, el local se llena y a eso de las 12 campanadas alcanza el clima idóneo que todo buen rumbero anhela.

Viene un público diverso compuesto principalmente por cubanos y venezolanos, que lo mismo visten de jeans que de etiqueta y que pueden ser treintañeros o tener una edad indefinida en el maquillaje o en la solapa del traje. Un común denominador los une y a su vez los hace felices, ``el calor humano''.

Mario Osorio me comenta que el éxito de su Club Hispano de Solteros y Solteras estriba en lo siguiente: ``Siempre logro un ambiente diferente a otros clubes, desenfadado pero a su vez sobrio, elegante pero sin necesidad de sentirte incómodo, con tres especiales en los tragos, diferentes para cada semana y un buffet los viernes y sábado, con un cover moderado y sobre todo una música diversa para todos los gustos, desde la salsa hasta el juvenil y pegajoso reggaetón. Sobre la música, el DJ Alfredo --recién bautizado Havana-- expresa: ``Nuestro público por lo general es de raza salsera, aunque incluimos también merengues, bachatas, reggaetón y hasta ponemos un poco de timba''.

La matiné del domingo comienza a las 6 p.m. hasta la medianoche, dando tiempo a rumiar el almuerzo familiar para comenzar la rumba. Este día la entrada sólo cuesta $3 y la comida es gratis. La música está a cargo del afamado DJ Iggi, experto en hacer mover caderas y corazones al compás de sus ritmos.

Helen Orrents, una científica cubana, comenta sobre el local: ``Soy asidua al lugar, donde siempre surgen nuevas amistades; los tragos son asequibles, la música te deja conversar y a la vez te invita a bailar, y todo esto en un ambiente muy placentero''.

La Zaragozana Night Club es un buen pretexto para pasarlo bien y el mejor remedio contra la tristeza. Si le han diagnosticado soledad y tedio, y se encuentra aquejado de nostalgia crónica, falto de un mínimo de afecto, visite con premura este mítico club, que seguro encontrará gente positiva, que sabe reír, que conocen, como dice la canción que ``la vida es mucho más de lo que puedas alcanzar, por eso es que vivir feliz no está prohibido''. • 

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