La moda de Oscar de la Renta

 

Durante la semana de la moda de Nueva York Oscar de la Renta ofreció una colección primaveral lujosa y exótica.

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Servicios El Nuevo Herald

Música de samba, bordados exóticos, conjuntos safari y sombreros estilo Panamá se mezclaron en la pasarela de Oscar de la Renta durante la semana de la moda de Nueva York, donde ofreció una colección primaveral lujosa y exótica.

Las piezas de De la Renta se presentaron en una antigua iglesia del noreste de Manhattan, donde ya son usuales sus desfiles; pero, en esta ocasión, el creador pareció estar consciente del momento que atraviesa el mundo y evitó elementos que pudieran considerarse demasiado altaneros.

Para la primavera del 2010, el diseñador tomó inspiración de las tradiciones de Africa, Suramérica, el sureste de Asia, entre otras referencias.

La ya conocida inclinación de De la Renta por los bordados eclécticos se hizo visible en una pasarela que tenía el toque mágico de abrigos, chaquetas, vestidos y accesorios bordados en piedras doradas y multicolores.

Incluso en las piezas más sencillas había algún tipo de trabajo o adorno logrado a mano. Así, combinó un abrigo verde, bordado en pedrería color limón, con un vestido de encaje blanco; cubrió totalmente un vestido strapless con lentejuelas de bronce y decoró con dorado los hombros de una blusa crema.

Las chaquetas safari hicieron juego con ajustados pantalones de seda, y los de estilo gaucho, en lino, se combinaron igual con blusas blancas de algodón o chaquetas color bronce.

Cinturones en cuero de lagarto ciñeron la cintura de las modelos; acompañados de zapatos de cuero dorado, charol o satén, al igual que carteras en piel de avestruz, y de pitón también bordadas con cristales.

Las modelos, vestidas en tradicionales trajes de noche, como un diseño en tafetán y organza rojo y fucsia o uno negro de encaje y organza con volantes, lucieron velos de encaje en la cabeza.

El atuendo más elaborado, que cerró la pasarela, fue un vestido strapless hecho de capas de tul gris y azul con un corpiño cubierto de cristales.

De la Renta no se restringió en el uso del color y si éste no fue uno de sus desfiles más ostentosos, hubo suficientes detalles de lujo.

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