Kulunka Teatro, ‘André y Dorine’

 

Carnival Studio Theater en el Adrienne Arsht Center

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OLGA CONNOR | ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

No se sabe nunca si se va a tener éxito la primera vez que se sale a la palestra. Esto es lo que le ha pasado a Kulunka Teatro, que en el idioma “euskera” del País Vasco en España significa “acunar, mecer”.

“Queremos acunar al espectador mientras dura la función”, apunta Iñaki Rikarte, el director de la obra André y Dorine de Kulunka Teatro, que se presenta este fin de semana en el XVII Festival Internacional de Teatro Hispano. “Ahora están de gira en Finlandia”, dice el director, “y aunque ésta es una compañía vasca, todos nos conocimos en Madrid”.

En el 2010, fue que se les ocurrió llevar a cabo una obra de hora y media enteramente sin palabras. Con ella han conquistado a varias ciudades de España, Europa y Centroamérica, y ahora esperan que se haga el milagro en Miami. El secreto es quizás lo inesperado, el suspenso, saber lo que va a pasar entre personajes con unas máscaras que podrían considerarse monstruosas, pero en el sentido de los monstruos de los cuentos infantiles.

Los personajes, según los críticos, se dan a querer tanto, que el espectador sale emocionado de la obra. El secreto de esas máscaras lo tiene la productora del Kulunka Teatro, de la ciudad de Hernani, en la provincia de Guipúzkoa, Garbiñe Insausti, que las creó y confeccionó, y es también la actriz que representa a Dorine.

“No se habla nada, los actores tienen máscaras integrales, de manera que no pueden hablar, digamos que el resto del espectá***** consiste en hacer que el público no eche en falta las palabras”, cuenta Rikarte. “El punto de partida es una carta, y el tema es el amor y la vejez. Partimos de una noticia que salió en el periódico en España sobre la muerte de André Gorz [un filósofo judío franco-vienés] y de su mujer Dorine. Ellos decidieron quitarse la vida, porque ella estaba enferma. Cuando él supo que Dorine tenía una enfermedad degenerativa se dio cuenta de que había estado toda la vida escribiendo un montón de cosas –era un filosofo de éxito–, pero no había escrito nada sobre lo que amaba a su mujer”.

En el libro Lettre à D. Histoire d’un amour (Galilée, 2006) que está traducido al español, Gorz trataba de saldar esa cuenta. “Hizo falta que ella se enfermara”, acota Rikarte. “Pero queríamos no sólo hablar de la enfermedad, sino sacar algo positivo”. Escogieron el Alzheimer, que no fue la enfermedad verdadera de Dorine, pero los actores que “escribieron” la obra colectivamente, partían de experiencias propias y de investigaciones rigurosas sobre esa dolencia.

“Las máscaras tienen un poder impresionante, desde el principio del arte dramático [la antigua Grecia, por ejemplo], el poder es tremendo”, dice Rikarte. .

En la gestación del montaje, se traducían escenas que tenían diálogos a las acciones en la escena, para que las palabras fueran secundarias. La acción estaba por encima de lo que se decía, al igual que en el cine mudo, porque el cine mudo no es un cine de ideas, sino de acción. “Al principio nos planteamos la posibilidad de una voz en off, y luego no fue necesario”.

Pero toda obra tiene un texto, que es como el tejido que indica a los actores cómo actuar. “De hecho, ellos realmente hablan, antes de ponerse la máscara, aunque no lo dicen, es como si en la situación hubiese un diálogo. Hablan de verdad. En la función no, pero por dentro de la máscara a veces hablan, es algo interno de los actores: es un secreto que te cuento”, confiesa Rikarte.

Y hay que destacar que esto no es mímico, porque los actores no trabajan con objetos imaginarios. Parten de objetos que sí existen, y que son fundamentales, dice Rikarte. “Son necesarios para dialogar: los objetos cobraron mucha importancia para hacer el diálogo, son como las palabras”.

Entre los objetos, por ejemplo, está el cello, aunque la Dorine original no lo tocaba, pero la actriz Garbiñe Insausti toca el cello, y se aprovechó de eso. “Toca una música original”, informa el director, “compuesta por Yayo Cáceres, un director argentino, que vino con su guitarra y su acordeón, y la fue componiendo mientras se desarrollaba la obra”.

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