Jaime Bayly

 

El presentador de ‘Bayly’ se prepara para un período de mucha actividad, que incluye la presentación

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Por Erwin Pérez

Es raro no ver a Jaime Bayly con traje oscuro, espejuelos y en un estudio de televisión, pero para esta entrevista con Viernes elige como escenario el coqueto patio de su casa, junto a la piscina, vestido con un pantalón sencillo y una camiseta sport. Lo que el animador y escritor mantiene en la charla, eso sí, es su tic de acomodarse el flequillo, su exquisita manera de hablar y su sempiterno sentido del humor. “Imagino que irán unas 50 personas”, bromea, por ejemplo, sobre Dicen que estoy loco, el espectáculo que ofrecerá este domingo, 6 de noviembre, en el amplio Miami-Dade County Auditorium.

El ambiente bucólico que impera en su hogar –localizado en Key Biscayne–, donde reinan su actual esposa, Silvia, y la bebé de ambos, Zoe, contrasta con el zarandeo que tiene la carrera de Bayly en estos días. En realidad, que tendrá en todo noviembre. Además del show de monólogo de pasado mañana, el sábado 19 presentará su nuevo libro, El misterio de Alma Rossi, en la Feria Internacional del Libro de Miami, y luego, antes de que languidezca el mes, el carismático conductor de Bayly (lunes a viernes a las 10 p.m. por Canal 22-WSBS/Mega TV) deberá renegociar su contrato con este canal.

En estas horas, claro, su mayor concentración va hacia la cita del Dade County Auditorium, que jura que no se la toma a la liviana. “Para mí no es un juego, sino todo lo contrario; la gente que vaya hará el esfuerzo de movilizarse hacia el teatro y pagar una entrada, y tengo la obligación de estar a la altura de sus expectativas, devolver, de alguna manera, el dinero que hayan gastado”, manifiesta, serio. En el mismo tono el periodista peruano teoriza que lo que la gente espera es que la haga reír, pero no puede con su genio y enseguida advierte traviesamente, “No voy a contar chistes”.

Dicen que estoy loco fue estrenada, con otro título, por Bayly hace una década en Miami, en el Miracle Theater, de Coral Gables, y luego pisó escenarios de Lima, Buenos Aires y otras capitales de Latinoamérica. “No sé cantar, no sé recitar, no soy humorista”, prosigue, con humildad exagerada, secándose unas molestas gotas de sudor que le corren por la frente, “y cuando hablo en serio creo que todo el mundo se aburre, por lo tanto en este espectáculo lo que me propongo principalmente es hablar de mi vida, especialmente de ciertos hechos desde los cuales puedo fantasear o aspirar al humor”.

Muchos dirán que eso es lo que hace casi cada noche, desde la pantalla chica en Bayly, donde divierte, y se divierte, contando vericuetos familiares, presentes y pasados. No lo cree tan así. “Esto del teatro es más aterrador porque la función dura aproximadamente 90 minutos, hay que sostener todo el tiempo el interés del público y, lo más difícil para mí, recordar el orden correcto de la guía argumental del show”, detalla. Redondea la explicación explicando que “ahí uno no puede estar mirando un papelito para recordar las cosas que debe decir”.

¿Por qué Bayly asumió este desafío en medio de un período tan definitorio para su carrera?

La respuesta del dueño de casa –que se esfuerza por ser un buen anfitrión, ofreciendo bebidas y bocados dulces y salados– es sencilla: “Echo de menos la cercanía con el público; me gusta su proximidad, sentirlo cerca. Cuando hago el programa de televisión hay gente en el estudio pero poca, lo cual me gustaría cambiar en caso de que renueve contrato con Mega. Quisiera que haya más personas, para sentir su respuesta directa”.

Bayly llegó a Mega TV en el 2006; dejó el canal en el 2009 y regresó en noviembre del año pasado. No se extiende en torno al tema de la inminente negociación, pero sostiene su interés en continuar allí y se muestra “contento” con la marcha del espacio. Cerca del final del diálogo repasa su carrera como entrevistador y cuenta que los personajes que más lo cautivaron son el cantautor español Joaquín Sabina y el mítico escritor argentino Jorge Luis Borges. Revela que su lema es “es importante que el invitado se sienta a gusto y que ninguna pregunta parezca una agresión”.

Antes de la despedida, se impone la parte personal, íntima, de Bayly. Asegura que se encuentra bien de ánimo; que toma sólo dos pastillas antidepresivas diarias, en lugar de las decenas que consumió durante años; que le duele el distanciamiento de sus dos hijas mayores, con las que sueña “casi cada noche”, y, sobre todo, que está profundamente enamorado de Silvia. “Ella y Zoe me dan buenas razones para seguir viviendo”, concluye, a corazón abierto.

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