INK

 

Con el arte del tatuaje como motivo central, tanto el club como su clientela tienen el glamour impreso en la piel.

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Mayra Correa y Jasmine Baigvand en Ink. Foto: Alex Mateo de Acosta
 

Es medianoche y South Beach llama a los desvelados. Les habla al oído, susurrándoles proposiciones deshonestas, provocadoras, sensuales, irrepetibles, que los hacen susceptibles a su millar de tentaciones. En Washington Ave. y la siete, en pleno corazón de la playa, el nuevo club Ink atrae como un imán a los que transitan por esta vibrante avenida, que nunca duerme, ni siquiera bosteza.

Decorado al estilo polinesio, con el arte del tatuaje como motivo central, tanto el club como su clientela de modelos y VIPs tienen el glamour impreso en la piel. Llegar a su interior no es tarea fácil, ya que sus porteros se encargan de 'escanear' a todo el que pretenda acceder al club, garantizando que posea el atractivo físico y dosis de chicness requeridos.

"No sólo es cuestión de belleza, influye la seguridad que la persona tenga en sí misma. A la mayoría de nuestros clientes no les importa gastarse hasta $10,000 la noche con tal de pasarla bien. Es un ambiente upscale", comenta Dimitri Fragoulis, uno de sus propietarios.

Su sofisticada iluminación L.E.D., los grabados de dragones en los espejos sobre la barra del salón principal, sus lámpares cuadradas con dibujos de un ave fénix y un pez coy [símbolos que según los japoneses, traen buena suerte], el uso de exóticos materiales como el bambú o el cobre, y los deslumbrantes diseños tribales tallados en sus columnas, cubiertos de plexiglass con luces multicolores de trasfondo, acaparan la atención.
"Unas décadas atrás el tatuaje se asociaba únicamente con criminales y gente marginal. Ahora es considerado trendy, un accesorio más de la moda, un símbolo y celebración de tu propia identidad", comenta Fragoulis.
El atractivo Fragoulis, de ascendencia griega, quien es modelo de las agencias Wilhemina y Ford, ha trabajado en clubs estrella de Miami como Mynt, Grass, Crobar y Opium Garden como maestro de ceremonias y director V.I.P.

Con su irresistible acento francés, Laurent Bourgade, otro de los propietarios de Ink, no se queda atrás. Después de iniciarse como portero de clubs parisinos como Les Bains Douches y Safari Lounge, Bourgade se mudó a Miami en 1996, ocupando diversas posiciones en reconocidos clubs como Living Room, Space, Mynt y Nikki Beach, antes de abrir su propio negocio, nada menos que el exitoso Grass Restaurant & Lounge del Design District.

Estos gurús del entretenimiento siguen al pie de la letra fórmulas del éxito como aquellas que dictan que: Gente bella atrae a más gente bella y adinerada, y los tragos gratuitos son anzuelos para las chicas solteras.
Ink Angels, la fiesta de los sábados, celebra a las mujeres. Las que reciban una tarjeta plateada con el logo del club pueden pedir Cosmopolitans y champán cortesía de la casa toda la noche. ¿Quiénes son las afortunadas que reciben esta especie de talismán o carta de membresía -no oficial- al exclusivo clique de Ink? Aquellas que posean ese je ne se quois, llamésele sensualidad, elegancia o carisma, que impacte a los promotores.

"La tarjeta es una especie de invitación abierta al club, significa que nos honraría que regresaras", comenta Fargoulis.

Los Djs residentes del local son el búlgaro Stan Kolev, quien toca house en el salón principal y la girl next door Mary quien toca un formato abierto que incluye desde rock hasta hip hop y R&B en el salón del fondo. El club también cuenta con su propia línea de ropa para hombres y mujeres, que también se centra en el tema del tatuaje.

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