Havana Dreams

 

Con 'Shows' de jueves a sábado donde el '¨filin', la trova y el son ocupan el escenario, este local de la calle.

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Foto: Alex Mateo de Acosta
 

Por Arturo Arias-Polo

"Yo tengo los mejores músicos de Miami", dice Betty Arredondo, la dueña de Havana Dreams at Brickell, el sitio donde hoy por hoy se escuchan las mejores descargas nocturnas de la ciudad.

Aquella noche fue el cumpleaños de Aymeé Nuviola, la cantante que junto a su hermana Lourdes y su primo Luis Bofill se mantiene fiel a Betty desde los tiempos en que el café-bar-restaurante se encontraba en la zona de El Doral. Por eso no fue extraño que desde temprano los amigos de la festejada comenzaran a ocupar las mesas del salón.

"¡Nenitaaaaaaa!", exclama Aymeé cuando descubre a la humorista cubana degustando unos exquisitos tostones rellenos ($9.95). Sin dejarla tragar, la abraza efusivamente mientras la impasible Lourdes la mira esperando el momento de subir al escenario.

Al mismo tiempo, el trovador Pavel Vitier agarra su guitarra sin previo anuncio y se echa la audiencia en un bolsillo cuando entona varios sones de su cosecha. Como la festejada está eufórica, adelanta su turno y le ruega a Alejandro, un compañero de sus años de conservatorio, que la siga con su guitarra en Contigo aprendí. Acto seguido, el cantautor Roberto Poveda arremete con un Happy Birthday a su manera y pide "un beso colectivo" a los asistentes.

A Betty no se le escapan los detalles. Lo mismo acomoda el saco a un músico que habla con el técnico de audio o vigila que las órdenes salgan a tiempo. A ratos, entra a la cocina para probar "el punto" de un pedido de vaca frita ($10.95), un churrasco ($12.95) y una bandeja paisa ($8.95) que ella misma elaboró con la ayuda de Esperanza, su mamá, y su hijo Carlos.

"Cuando llegué de Medellín aprendí a cocinar platos de mi país y luego me interesé por las recetas cubanas. El hecho de vivir en Hialeah en esa época me ayudó a conocer los gustos cubanos y su música". Imposible negarlo. El sitio transpira cubanía en su menú, las posters de La Habana de ayer que adornan sus paredes --en armonía con las pinturas del artista colombiano Roberto Páramo-- y el sabor de los ritmos que se escuchan hasta la madrugada.

"Al que trabaje en un lugar como éste tiene que gustarle mucho", afirma la dueña, "A mí me encanta la gente y soy amiga de los artistas". Luego explica que los jueves tienen shows con Pavel Vitier, los viernes está Vicky Roig con las Tardes románticas y continúan con el dúo Punto y Coma y Las Nuviola. En cuanto a las noches de los sábados, corresponden a Luis Bofill y a El Pible. "Sólo descanso tres domingos al mes porque el último les toca a Carlos y Marta".

Entre las mesas se distingue a la escritora Daína Chaviano, el compositor Pepín Rivero, los actores Alvaro Ruiz, Juan Falcón, el comediante Eddy Calderón, el cantante Rey Ríos y Mario Lauzardo, único propietario del club Sherezada de La Habana entre 1959 y 1961.

"Vine hasta aquí siguiendo a Las Nuviola", dice Lauzardo mientras disfruta la actuación de Nenita, que tiene alborotado el gentío con sus cuentos. Le siguen los excéntricos musicales Punto y Coma con una rutina delirante y un minuto después las Nuviolas inician su descarga respaldadas por el pianista Papo Delgado y el cajón de Reinier. No hace falta más. Las hermanas se encargan del resto con sus voces, su proyección escénica y esa facilidad para transitar por todos los géneros sin dificultad.

Lourdes da una lección de filin con Añorado encuentro, después que Aymeé y Leslie Cartaya ponen al público en el cielo con Eu sei que vou te amar, y se suma a ellas para destilar sabrosura en Son al son. Hacen un alto y Aymeé presenta a Paola, la hija de Lourdes, que a sus seis años es capaz de estremecer a cualquiera con su versión de Quiéreme mucho. "Nos va a dejar sin trabajo", comenta la tía.

En plena ovación, Steve Roitstein sustituye a Delgado en los teclados y Bofill enciende la pista con sus blues y después se suma a las féminas güiro en mano para los coros de El gato, ¡Candela pura!, la madrugada se alarga con las improvisaciones de Aymeé y los chistes que cuela en el montuno. Después de la pausa llegó Manolín, el Médico de la Salsa. El fiestón acabó al amanecer. ¿Alquien trabajó al otro día?

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