Grass

 

Un oasis en el Design District.

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Tragos en la barra. Foto: Julio A. Martínez.
 

Lena Hansen

Con un nuevo "look", música acogedora, una política de puertas abiertas y un menú afrodisíaco, el club se ha convertido en un oasis en el Design District. Su logo es la imagen ancestral del uroboros, una serpiente que se muerde la cola, devorándose a sí misma, símbolo de la naturaleza cíclica y cambiante de la vida. Este escudo representa el renacimiento del popular Grass, un santuario en medio del pujante Design District que reabrió sus puertas tras una metamorfosis de ambientación, menú y sonido. ''Antes era un nightclub.

Tocaban una música house ensordecedora y el menú era asiático-caribeño. Había una cuerda de terciopelo y la clientela era superexclusiva. El nuevo look del lugar es muy sexy, refinado y cálido, con más color y follaje; la música es más suave y el ambiente más relajado, típico de un lounge'', comenta su director de mercadeo Richard Filippi. Filippi, de ascendencia haitiano-italiana, trabajó como portero en el antiguo Grass, escoltando como un centinela la entrada, y confiesa que ''en aquellos tiempos no todo el que se a**11**ba a la puerta entraba, pero hoy no son tan estrictos'', todo cliente es cordialmente bienvenido. Un portón de madera abre hacia su acogedor interior, un frondoso oasis con iluminados jardines de bambú, enredaderas y bonsáis, una especie de Shangri-La en medio del creciente distrito de arte miamense. Rodeado de galerías, Grass es el sitio ideal para una cena romántica o una reunión de amigos. ''Es un lugar donde te desconectas de la vida en patines de Miami.

La comida es exquisita y el entorno es mágico y sereno. Es maravilloso poder comer al aire libre, con velas y a la luz de la luna'', cuenta Desiree Roache, una clienta. Su barra de madera, al fondo de una cabaña en medio del local, está decorada con frascos de cristal iluminados, como los de un boticario, con exóticas flores tropicales. Sus elíxires más populares incluyen el mojito de mango y el martini de melón y albahaca. Sus mesas bajas y cómodos sofás de lona gris, enmarcados por modernas estructuras de madera, invitan a una íntima conversación. Una serie de manos talladas en madera negra adorna una pared de trasfondo. Banquetas blancas acolchonadas y una alfombra de hierba que bordea el comedor completan la sofisticada ambientación.

Los bartenders y meseros del local son amables y asequibles, casi adivinándole a uno el pensamiento. Sólo hay que explorar las profundidades del bolso en busca de un cigarrillo para que alguno salte a ofrecerte un encendedor. En el nuevo Grass puede escuchar R&B, soul y funk los jueves y viernes, a cargo del DJ Ariel; y soulful house (instrumental y vocal) los miércoles y sábados, con el DJ Claudio. La música invita a tomarse unos tragos después de la cena sin tener que huir a un club en busca de acción y adrenalina. ''Pronto tendremos un supper club como complemento, en el espacio justo al lado de Grass. Se llamará The King is Dead y esperamos abrirlo en noviembre'', adelanta Filippi, guardando celosamente los detalles. Su maestro de cocina Michael Jacobs antes fue el chef ejecutivo del restaurante y lounge Tantra de South Beach, y está especializado en platos afrodisíacos.

El menú de Grass presenta una intrigante fusión de la cocina americana contemporánea, la mediterránea y la asiática. Especializado en mariscos, Jacobs deleita con manjares como las vieiras con polvo cítrico y variedades de ceviche. Su bistec ribeye a la parrilla, con repollitos de Bruselas asados con tocino ahumado y miel de lavanda, es irresistible, una celebración al paladar, y los rollitos de banana y manzana con caramelo condimentado con romero son un dulce finale. Un menú especial de aperitivos y postres se ofrece hasta la 1 a.m. También se rentan narguiles, pipas de agua para fumar hierbas aromáticas, otro elemento que seduce a los hedonistas que frecuentan el paradisíaco lounge.

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