Filmes en el Tower: Arte y política

 

Gerhard Richter-Painting y Battleship Potemkin

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PILAR AYUSO ESPECIAL/ EL NUEVO HERALD

Dos excelentes filmes forman parte de la muestra que en el teatro Tower del Miami Dade College presenta la importante compañía distribuidora independiente de los Estados Unidos Kino-Lorber. Estos son el documental alemán Gerhard Richter- Painting (Gerhard Richter pintando), en estreno comercial en la ciudad de Miami, y el clásico del cine mundial “El Acorazado Potemkin”, de Serguei Eisenstein.

Con un sublime tema Gerhard Richter- Painting, presenta el valioso testimonio fílmico de uno de los más importantes pintores del mundo. Tímido y poco dado a exhibirse en público, Gerhard Richter, de 79 años, se siente incómodo ante la cámara situada durante meses en su estudio en Colonia, Alemania, bajo la dirección de Corinna Belz, que ha logrado el privilegio de esta cercanía. “Pintar bajo observación”, dice el artista alemán, “es la peor cosa que hay, es como ir al hospital”.

De alto nivel conceptual, este atractivo documental intenta develar el complejo proceso creativo de Richter, que tanto intriga y hechiza a galeristas, curadores, historiadores y admiradores en todo el mundo. Cual un extraño obrero, el pintor construye “destruyendo” colores primarios en la gran tela –y lo hace en varios cuadros al mismo tiempo– impregnándolos de capas pigmentadas con una enorme squeegee o escobilla de goma, y sobreponiendo otras capas de colores sobre aquellas, proceso que parece interminable. Como poseído por la magia de las formas y los colores, pintando una y otra vez sobre lo pintado, su creatividad parece llevada por el azar. Pero tras la mano que transforma el lienzo abstracto se sospecha una poderosa fuerza que la guía.

“No es como el arte figurativo, algo pasa espontáneamente, (…) sin algún plan o razón”, dice el artista, que no ve en él vínculos con el movimiento pictórico denominado Automatismo, porque hay un componente de razón cuando pinta que es el momento en que sabe que al cuadro no le hace falta nada más.

Considerado “el maestro de los cambios de estilo”, con obras expuestas en las más importantes galerías y colecciones del mundo que son cotizadas en millones de dólares, el pintor nacido en Dresde y refugiado en la Alemania occidental, nos habla con sencillez de sus recuerdos familiares, de sí mismo.

En cambio para él hablar de pintura “no solo es difícil, sino también inútil”, dice. “Porque solo se puede expresar con palabras lo que el lenguaje puede comunicar. La pintura es otra forma de pensamiento”.

En el año 1925 Serguei Mikhailovich Eisenstein, una de las más importantes figuras de la escuela soviética, junto a Kulechov y Vertov, dirige su gran obra maestra: El Acorazado Potemkin. Con misión didáctica y orientación intensamente política, su argumento rememora un momento histórico: el motín que los marineros del Acorazado Potemkin protagonizaron contra el régimen del Zar en 1905, considerado “ensayo general” de la revolución bolchevique.

Nacido en Riga, en 1898, este eminente cineasta, investigador, ensayista y teórico del cine es célebre por su inestimable aporte al lenguaje cinematográfico. El “montaje de atracciones” y la metáfora visual, así como el expresionismo de sus primeros planos dentro de un movimiento de masas son algunos de los grandes logros visuales y conceptuales de este gran genio ruso.

La antológica secuencia de las Escaleras de Odessa en El Acorazado Potemkin, donde el pueblo es masacrado por las tropas zaristas, una madre recibe un disparo y un cochecito de bebé rueda por las escaleras –a la que filmes modernos han rendido homenaje – expresa el lirismo épico lleno de simbolismo e impactante fuerza dramática de esta gran obra de Eisenstein, considerada una de las mejores películas de todos los tiempos.

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