Fiesta paisa en Pueblito Viejo

 

En Pueblito Viejo, a donde quiera que mire encontrará algo que le recuerde al ambiente paisa original.

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Por Alberto Sánchez

En Pueblito Viejo no cabe ni uno más. Si pretende pasar una noche de las buenas en este restaurante de la calle 40 y la 82 avenida del suroeste, se recomienda llegar temprano. A eso de las 9 p.m., poco antes de que empiece el show, ya el salón está lleno y varias personas esperan afuera.

En las paredes, las ventanas o el techo tampoco hay espacio para mucho más. A donde quiera que mire encontrará algo que le recuerde esos lugares divertidos, donde probar la comida típica colombiana. Es el mismo ambiente paisa original.

Desde la ropa que llevan los mesoneros vestidos de blanco, con pañuelos, fajas y sombreros “vueltiaos”, hasta la artesanía insólita y llena de colores que llena el lugar.

A la entrada hay fotos de celebridades como Juanes, Danny Glover, Fonseca, Carlos Vives, Carlos Ponce y una del expresidente Alvaro Uribe, que ocupa un lugar especial.

Del techo penden cabezas de reses disecadas y figuras de madera casi de tamaño natural, que están sentadas con los pies colgando, y sonríen como disfrutando de la fiesta. Tienen una colección de muñecas, en hamacas, con vistosos trajes, listas para las fiestas populares donde se baila cumbia, joropo, pasodoble, corro o merengue.

En otra parte del salón, amueblado con taburetes y mesas de madera muy pulida, cuelgan bolsas, gorros, botas de vino, jarras, cestas de especias, frascos de salsas para sazonar, sonajeros espantamuertos, guirnaldas, arreglos florales, retablos de madera, altares, réplicas de las casitas típicas conocidas como pueblito paisa e instrumentos musicales.

En el baño para caballeros hay una pequeña exhibición de todo lo que puede necesitar para ir a cabalgar. Lo único que falta es el caballo, que no cupo dentro, pero tienen monturas, cinchas, bridas, polainas, fustas de varios colores y hasta las botas.
Estela de la Luz y su esposo John –ella nacida en Colombia y él en Cuba– han venido a celebrar la visita de unos familiares de Medellín. El ambiente rústico y las paredes de madera del Pueblito Viejo de Miami les hace recordar las casas pequeñas y las calles tranquilas que evoca la conocida canción de José Morales, solo que aquí, los fines de semana, todo se vuelve baile, música y humor.

A las 9 p.m., el dúo de Reblujo y Monaguillo presenta su espectáculo de trova colombiana. Hacen la noche entre risas y aplausos con la clientela que frecuenta el lugar. Así el humor se apodera de las canciones y los calvos y comelones, los que estrenaron ropa del pulguero, los narizones, feos, bajitos y cuarentonas se convierten en el blanco de sus improvisaciones. Están aquí además de los viernes, los sábados a las 9 p.m., y los domingos a las 8 p.m. “Somos animadores de bodas, funerales, cumpleaños, baby showers y bautizos”, dicen. “Tenemos precios solidarios. No son para gente de clase baja, sino para ustedes, los distinguidos de la clase sumergida”.

Al fondo hay un escenario para bailar. En una pantalla gigante proyectan videos musicales de los años 1970 y 1980. Más tarde, alrededor de las 11 p.m., se presenta Genthry, un cubano de ritmo contagioso, con un repertorio de canciones de Juan Gabriel, que anima a seguirlo cantando desde las mesas.

Para el fin de semana el menú tiene los especiales de sancochos de gallina y de costilla de res, sobrebarriga a la criolla y sopa de “pescao” Pueblito Viejo. Si prefiere algo más tradicional, pida la bandeja Pueblito Viejo, que tiene de todo: frijoles colorados bien condimentados, chicharrones de puerco, filete de res, plátanos maduros fritos, huevo y arepas.

Para los más carnívoros tienen el churrasco Pueblito Viejo (servido en tabla, con plátanos maduros fritos, casabe, papas salteadas y salsa chimichurri), o los chuzos (o carne al pincho), acompañados de papas y arepas.

Si prefiere el pescado fresco, pida el pargo frito. Viene tan fresco, que cuando lo traen a la mesa, todavía tiene la última cara de susto que puso cuando lo sacaron del agua.

Hay vinos de la casa, cervezas y los mojitos que piden mucho los cubanos, pero no deje de probar el refajo, ideal para acompañar la comida, una mezcla de dos cervezas y una cola colombianas, servidas en una jarra grande de sangría.
Y antes de empezar, haga un brindis con la Caporona (tequila y cerveza Corona), un invento de los mexicanos que han pasado por allí. Cuando termine, después de un flan de coco o un tres leches, y un espresso que lo hará bailar toda la noche, haga un último brindis con un trago de aguardiente antioqueño Cristal, para ayudar a la digestión. Un guaro (aguardiente) de caña que le hará recordar aquello que dicen en Colombia, y que repite Gonzalo Rodríguez, entusiasta empresario y propietario del lugar: “Para pasarla bien basta con amor, cariño… y aguardiente”.

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