Festival Internacional de Cine en Miami: Todos tenemos un plan

 

Viggo Mortensen, Hombre de palabra

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ARTURO ARIAS-POLO

Un encuentro casual entre Viggo Mortensen y la cineasta argentina Ana Piterbarg en el Club Atlético San Lorenzo de Almagro, en Buenos Aires, marcó el inicio de una colaboración que culminó en el rodaje de Todos tenemos un plan (2012), la producción germanoargentina que compite en XXX Festival Internacional de Cine de Miami bajo el título de Everybody Has a Plan.

Mortensen recuerda que tras cruzar unas breves palabras la directora prometió enviarle el guión y él siguió su camino sin imaginarse que se trataba de una historia con valores universales al mejor estilo del cine negro.

“En general los guiones que te llegan de esa manera no suelen ser muy buenos”, confiesa el actor a El Nuevo Herald desde el estado de Nueva York, donde se encuentra visitando a su madre. “Sin embargo, desde que empecé a leerlo me di cuenta de que se trataba de algo muy especial que podía ocurrir en cualquier lugar”.

Mientras se organizaba la producción Mortensen y Piterbarg tuvieron tiempo de conocerse a fondo y pulir la historia de Agustín, un médico de Buenos Aires que, hastiado de su existencia, asume la identidad de Pedro, su hermano gemelo, a la muerte de éste. De ahí que el primer día de rodaje ninguno estuviera nervioso.

“La película está muy bien dirigida. Nadie podría imaginarse que es una opera prima de bajo presupuesto”, destaca el actor de 54 años, residente en Madrid, que se olvidó de su estatus de estrella internacional para ponerse bajo las órdenes de Piterbarg, conocida en su país como directora de televisión.

Pese a que está consciente de que cuando no hace películas “grandes”, como The Lord of the Rings, corre el riesgo de perder reconocimiento y dinero, Mortensen suele apostar por aquellos proyectos que les parecen originales, aunque no sean de directores famosos.

“Siempre existe el riesgo de que te olviden. Pero cuando le di mi palabra a Ana de que protagonizaría su película no la iba a dejar si me hubiera llegado una gran producción, como hacen otros actores”, asegura Mortensen tras recordar que quedó muy complacido con su participación en el montaje teatral de Purgatorio, realizado en España en el 2011.

“Para mí lo importante es sentirme bien en lo que estoy haciendo. El trabajo queda”, dice sin vanagloriarse de que en el 2007 fue nominado al Oscar por su labor en Easter Promises , de David Cronenberg, “un director que nunca ha sido

nominado”.

“En los premios la última palabra la tienen los publicistas”, afirma. “Cuando hice The Road, no hubo ninguna promoción. Pero yo he seguido trabajando a mi bola”.

Mortensen compara su relación laboral con Cronenberg –para quien también filmó A History of Violence y A Dangerous Method– con la que estableció con Piterbarg en Todos tenemos un plan.

“Cada vez que trabajo con él sé que está preparado para hacerme entender lo que quiere”, reconoce. “Lo mismo ocurrió con Ana, con quien logré comunicarme con pocas palabras”.

Aparte de su carrera en el cine, Mortensen es poeta, músico, pintor y fotógrafo. Sin contar su labor al frente de Perceval Press, la editorial especializada en libros de arte y música que fundó en Santa Mónica, California.

Y mientras escribe un guión sobre los aborígenes de Norteamérica que le gustaría dirigir, el actor se prepara para interpretar a un oficial del ejército danés en un proyecto de Lisandro Alonso, aun sin título definitivo, que lo devolverá a Argentina en abril, y otro que rodará en Marruecos, en el que hablará en árabe y francés.

“Siempre he estado consciente de que la vida es corta y quiero aprovechar el tiempo que tengo en este mundo para aprender cosas y corregir lo que ya está hecho”, dice al despedirse.

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