Feria del libro: Bernarda Fink, con la voz en el alma

 

Bernarda Fink con la Orquesta de Cleveland, el 16 y 17 de noviembre en el Knight Concert Hall, 1300 Biscayne Boulevard, Miami, FL 33132, (305) 949-6722.

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SEBASTIAN SPRENG | sebastianspreng@gmail.com

La voz no tiene fronteras ni nacionalidad. El alma menos. Y Bernarda Fink une mundos en una voz de infinitos matices que por sobre todo trasunta “alma”. Sea Schubert o Piazzolla, Bach o Berlioz, conquista por su nobleza y exquisitez; rara avis en un mundo donde abundan las mezzosopranos excepcionales y donde ocupa un lugar de privilegio.

Nació en Buenos Aires en una familia eslovena donde la música era como el pan, triunfó en Europa y aunque avalada por una copiosa discografía, su presencia en Estados Unidos es algo reciente. A los tardíos debuts en Nueva York, Cleveland, Tanglewood, la distinguida cantante habla desde Chicago, ciudad que antecede a su esperado debut en Miami como solista de la Tercera Sinfonía de Mahler con la Orquesta de Cleveland el 16 y 17 de noviembre próximos.

¿Este inminente debut en Miami llega demorado?

¡Porque siempre llego tarde a todo, soy un late bloomer! Tiene sus ventajas, se disfruta aún más. Siento una inmensa gratitud por mi carrera porque todo llegó sin proponérmelo. Nunca imaginé que iba a cantar con Muti, con Rattle o como aquí en Chicago con Bernard Haitink. Soy afortunada, vivo en un continuo “no lo puedo creer”.

Es la única cantante famosa que no tiene página web.

¿Se necesita? ¿Hace falta? Soy tan introvertida que no capto mucho ese exceso de comunicación. Uno a uno, ya es otro cantar.

De Monteverdi a Mahler, su carrera muestra una sabia evolución natural.

Debo decir que antes del barroco con el que se me conoció, en aquella maravillosa Buenos Aires del Teatro Colón donde me formé, cantaba de todo. Fui la primera sorprendida ante este abrazo de la música temprana, algo así como un embarazo no planeado. Llegó y me pregunté “¿Y ahora qué hago con esto?”. Y después, agradecí a la vida el habérmelo dado.

¿Debiéramos llamarlo “El rapto de Bernarda”?

Exactamente. Fue un impasse maravilloso. Con excepción de Bach, ya no hago barroco. René Jacobs me “amigó” con esta música. Me enseñó, me modeló, fue un proceso increíble.

Después llegó Nikolaus Harnoncourt.

Lo adoro. No dirige las notas sino lo que está adentro, va como flecha a la esencia de la música. La profundidad de su saber es apabullante, no hay una vez que haya cantado con él sin un momento de epifanía, sin un “cómo no se me ocurrió antes”.

Incluso en la polémica grabación del Réquiem de Verdi.

Son visiones subjetivas, intentos válidos. Al igual que en la Misa Solemnis de Beethoven, la masa orquestal es inmensa pero cuando se trata de la voz solista, el tratamiento es camarístico. Una voz pesada tiende a desarmonizar el cuarteto, una mas liviana y concentrada transporta mejor el mensaje.

¿Cómo interpreta tan bien música tan diferente como la eslava y la argentina?

Se canta mejor en el idioma materno, y esas dos son mis raíces. Hay algo que se libera, algo auténtico que atraviesa toda barrera.

Sucede que cantantes hispanos son ininteligibles en su lengua materna.

Quizás se deba a que no nos basamos suficientemente en el canto popular. Hay cantantes famosos que cuando cantan Guastavino o Piazzolla parecerían inhibirse y pensar mas en la voz que en el texto. Hay que acudir a modelos absolutos como Victoria de los Ángeles. Mi sueño es que se olviden de mi voz y se sumerjan en el texto. Ser solo el instrumento.

¿Los modelos?

Victoria, Teresa Berganza y la voz “de chocolate” de Christa Ludwig. Y también Kathleen Ferrier.

¿Tiene espacio para la ópera?

Muy poco. La sala de concierto, el recital me hace mas feliz, y elegí la felicidad.

¿Cómo se concilia la cantante con la esposa de un diplomático?

Como puedo. Mi marido es Alto Representante de la Comunidad Internacional en Sarajevo. Trabajamos separados y nos encontramos en nuestra casa en Viena donde estudian nuestros hijos de 22 y 19 años. No nos podemos acompañar ni ver tanto como queremos pero siempre logramos que los caminos se crucen.

¿Público y sala favorita?

Depende de muchos factores; el vienés es algo reticente pero conquistado regala una calidez incomparable. Amo el Concertgebouw y el Musikverein. Y claro, el Wigmore Hall londinense y su público tan conocedor que regala al artista una calidad de silencio que se corta con un bisturí.

Y donde este año es “Artista residente”.

Un gran honor, me permite armar y elegir programas y acompañantes.•

¿Qué cosas sorprenden en el mundo del canto?

Que tantos jóvenes quieran cantar. Me reconforta ver como el arte florece en épocas de crisis. Es una isla de salvación para abrir el alma y sincerarse con lo mas íntimo, con la vida misma. Y me da confianza, porque esta música grande sobrevivirá a todo.

Los estándares actuales son altísimos pero acusan cierta despersonalización

Porque el excesivo énfasis en el perfeccionismo técnico puede traer aparejada falta de profundidad. Hoy estamos presos, sometidos al examen continuo de la comparación con otras grabaciones. Y al concentrarse tanto en el detalle se puede, ay, dejar el alma en el camino.

¿Entonces, más importante el texto o la música?

Todo junto, en música la idea y el sentimiento que está detrás de la palabra es primordial.

¿Como en el texto de Nietzche que Mahler usó en la ‘Tercera Sinfonía’?

Con la certeza que la alegría es mayor que el dolor, que lo bello de la vida supera la angustia y sufrimiento. De ahí su eterna vigencia.

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