Cine: 'Documented'

 

Estrenan película sobre jóvenes indocumentados en el sur de la Florida.

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Por Steve Rothaus | srothaus@miamiherald.com

Lo más difícil de ser un joven indocumentado no es tener que pasar el resto de tu vida limpiando retretes o trabajando como mesonero. Es quizá nunca volver a abrazar a tu madre de nuevo.

“Es como si no nos conociéramos. Es muy difícil”, le dice el periodista ganador del premio Pulitzer, José Antonio Vargas a su madre oriunda de las Filipinas durante una conversación a través de Skype –su primera charla en más de 20 años– que está siendo grabada para su nueva película Documented (Documentado) que se estrena en el sur de la Florida el viernes en la noche en el O Cinema Miami Shores en el Miami Theater Center.

Tanto la madre como su hijo adulto, rompen en llanto. “Es como si no fueras el hijo que yo solía tener. El hijo que solía decirme ‘Ma, te amo’, le responde Emelie Salinas desde las Filipinas.

“Lo siento muchísimo”, le dice Vargas, de 33 años, un ex reportero del Washington Post quien confesó estar indocumentado en un artículo que escribió para la revista New York Times en 2011.

“Está bien. Yo te entiendo, hijo. Siempre me preocupo por ti."

Salinas y Vargas no se verán pronto. Ella no puede venir a los Estados Unidos y si él regresa a Manila puede que no lo dejen venir de vuelta.

Vargas quien compartió el premio Pulitzer por los reportajes sobre la balacera de Virginia Tech en el 2007, está de gira por 13 ciudades con su película, que será transmitida más adelante este año por CNN. El estará en la presentación del O Cinema el viernes y el sábado para responder preguntas de la audiencia.

“Como persona indocumentada, estoy en una posición única de reportero sobre el tema, y hablar sobre el impacto directo que esto tiene en nosotros,” dijo Vargas esta semana desde su hogar en Nueva York.

Los abuelos de Vargas lo contrabandearon hasta California cuando tenía 12 años de edad en 1993. El no supo de su estatus migratorio sino hasta cuatro años más tarde cuando quiso obtener una licencia de conducir.

“Fui hasta el Departamento de Vehículos Automotores (DMV en inglés) como cualquier niño de 16 años. No les dije nada a mis abuelos. Simplemente fui, Le mostré a la mujer del mostrador mi tarjeta de residencia estadounidense y mi identificación del colegio. Ella le dio dos vueltas a la tarjeta y me dijo ‘esto es falso. No vuelvas a venir aquí”, relata Vargas a una clase de estudiantes de secundaria en Documented.

El se apresuró a casa en su bicicleta y le contó a su abuelo. Lo primero que me dijo “¿Qué haces mostrándole eso a la gente?”. Eso fue lo primero. Lo segundo: “Se supone que tú no deberías estar aquí”.

Vargas nunca le dijo a nadie más sobre su estatus migratorio. Mintió para obtener un trabajo en el San Francisco Chronicle. Se graduó en 2004 de la Universidad Estatal de San Francisco. Inmediatamente después fue contratado por el Washington Post. En 2009, consiguió trabajo en el Huffington Post y dos años más tarde escribió el artículo para la revista New York Times.

“Es mi acto artístico de desobediencia civil”, dijo Vargas al referirse a su campaña mediática Define American (Define lo que es ser Americano) en nombre de un estimado de 11 millones de inmigrantes indocumentados.

La historia de Vargas no es poco común, dijo el activista de inmigración Felipe Sousa-Rodríguez, de 28 años, quien nació con el nombre de Felipe Sousa Matos en Brasil y creció como un indocumentado en Miami.

Tanto Vargas como Sousa-Rodríguez son gay y se declararon abiertamente cuando eran adolescentes.

“El precio de declararme gay abiertamente fue muy alto para mí. Tenía miedo de que me deportaran y siempre tenía miedo de la policía”, dijo Sousa Rodríguez, quien se mudó a Tampa y es co-director de Get Equal (Obtén Igualdad), un grupo en defensa de las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans-genero. “Me dijeron que lo único a lo que podía aspirar era en convertirme en un trabajador de almacén, lo cual hice. Limpié retretes aun cuando era un estudiante con honores. Limpié casas. Hice todo lo que hace una persona indocumentada. Todos los tipos de trabajos donde la gente te puede pagar por la izquierda."

Sousa-Rodríguez y Gaby Pacheco ganaron notoriedad nacional cuando ellos y otros marcharon de Miami a Washington en 2010 para abogar por la aprobación de la ley DREAM (Desarrollo Alivio y Educación para Menores Extranjeros) y por otros cambios migratorios. Ambos, Sousa-Rodríguez y Pacheco aparecen en Documented.

Después de graduarse de la secundaria Dr. Michael M. Krop en el Noroeste de Miami-Dade, Sousa-Rodríguez asistió a Miami Dade College y a la Universidad de Santo Tomás. Se graduó de administración de empresas en 2012.

“Siempre quise ir a la universidad para que mi mamá se sintiera orgullosa. Siempre tuve eso muy claro sobre mi mama; que ella había hecho grandes sacrificios por mí y yo necesito hacer que esté orgullosa” dijo él. Ella aún vive en Brasil. Nunca vino a vivir a los Estados Unidos. Es difícil obtener visas para venir a este país. Yo sencillamente crecí sin ella. No la he visto. Trece años. Hablamos por teléfono. Ella no sabe cómo usar internet.

Diego Sánchez, de 23 años, es más afortunado que Vargas y que Rodríguez-Sousa. El inmigró a Fort Lauderdale a los siete años desde argentina con sus familiares inmediatos, quienes estaban todos indocumentados en aquel entonces.
“Cuando pienso en la historia de José, pienso en mi historia”, dijo Sánchez, quien es ahora co-Director del Proyecto Brigde (Puente), un grupo de inmigración con sede en Washington.

“En mi caso, soy privilegiado de tener a mi mamá conmigo y no puedo ponerme en los zapatos [de José] que no ha estado con su mamá por muchos años”, dijo Sánchez, quien ya ha visto el filme de Vargas. “El tiene emociones encontradas, sentimientos encontrados con respecto a su madre. Sentía rabia porque ella lo envió aquí. Ahora sé que él entiende. Eso es lo que una madre está dispuesta a hacer por el futuro de su hijo. El hecho de que él no haya podido abrazar a su mamá en 20 años, me pone a llorar, para ser franco”.

La mamá de Sánchez, Alejandra Saucedo, de 44 años, es la co-fundadora de Madres DREAMers, una organización nacional que estará presentando Documented este viernes.

“En Argentina no es fácil vivir” dijo Saucedo, quien para lograr que Diego obtuviera su título de la Universidad en Santo Tomás, limpió casas y cocinó empanadas desde su hogar. “No tenemos paga. No tenemos trabajo. No tenemos empleos. No tenemos un futuro. Me duele mucho decirlo pero es la verdad. En este país, ahora, me siento muy motivada. Puedo ver a muchos padres y especialmente a muchas madres que han emergido de las sombras”.

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