Miami City Ballet presenta su Programa II

Los amantes del ballet a veces olvidan que la música es parte esencial de este arte. Hasta los propios coreógrafos han tratado de cambiar la relación entre ambas disciplinas.

Es sabido que el innovador Merce Cunningham y su compañero y colaborador, el músico John Cage, afirmaron que la danza y la música no debieran estar intencionalmente coordinados entre sí. Pero no fue así con George Balanchine, quien fue conocido por su musicalidad, y trabajó en colaboración con los líderes de la música de su tiempo, como Igor Stravinsky, dándole importancia a esta relación estrecha entre la partitura y la coreografía.

Por eso acudimos a Gary Sheldon, director de la orquesta del Miami City Ballet, desde hace cinco temporadas, para que nos hablara del Programa II de esta compañía este fin de semana en el Ziff Ballet Opera House del Adrienne Arsth Center, en el que se destacan los contrastes musicales de cada representación que a su vez influyen en el desarrollo de los ballets.

Una pieza que ya hemos visto en el MCB, La source, fue creada por Balanchine en 1968 con la música de Leo Delibes (1836-1891), el compositor de Coppélia, que en este caso le sirvió al Maestro para recrear el ambiente del siglo XIX francés. Su interés en Delibes le impulsó a coreografiar un pas de deux de Sylvia anteriormente, en 1950 y luego un divertissement. En La source se usa además la música de dos ballets de Delibes, Naila y Sylvia, y partes de su anterior pas de deux.

“Lo que es diferente en la música de La source, de Delibes, es que combina el estilo clásico tradicional que él usó para sus otros ballets, como Coppélia y Sylvia, con la música circasiana que es música folclórica originada en Rusia y en Turquía”, describió Sheldon desde Atlanta, donde se encontraba. “En este ballet tenemos mazurcas, y una danza circasiana para mujeres en el medio del ballet, que le da mucho sabor a la bellísima música clásica al estilo del siglo XIX de este compositor, y contrasta con los dos pas de deux tradicionales y extensos, que bailan los principales”.

También hay una combinación en la música y en el baile de dos parejas, una clásica y una moderna, en la creación de Peter Martins, director del New York City Ballet, cuando usó el melódico y neorromántico Concierto de Violín Opus 14, 1939, de Samuel Barber, para el American Music Festival de 1988, y que es ahora una première para el MCB.

Lo que se dice de esta música es que es alternativamente noble y quijotesca. ¿Por qué? “Barber es un gran compositor dramático, de melodías memorables, y a menudo se puede oír el adagio para cuerdas en su concierto de violín, que tiene profundas melodías”, explica Sheldon. “Lo de quijotesco es porque su música es impredecible. Combina melodías tradicionales con algunas formas más modernas y disidentes. Cuando oigo música que combina estilos tan diferentes me pregunto si no quieren decir que hay que mirar hacia el futuro y al pasado al mismo tiempo, que tiene que haber una convivencia”.

La música influye en la coreografía de las dos parejas que representan lo clásico y lo moderno en este ballet. Cada pareja intercambiándose durante la representación.

Finalmente, tendremos, de Twyla Tharp, un ballet de 1986, ya visto en el MCB, In the Upper Room, que fue coreografiado adaptándose a la música posmoderna de Philip Glass, del disco producido por Orange Mountain Music, y que también hace un contraste de lo moderno con lo clásico, en Nueve piezas de danza.

“Philip Glass es un americano de cuerpo entero”, afirma el director Sheldon. “Pero usó variados estilos. Yo no dirijo la orquesta en esta pieza, porque es un disco que tuvo una producción digital posterior. Es música grabada en vivo con instrumentos y con sintetizadores, y combina la música clásica con la contemporánea”.

Miami City Ballet, Programa II, viernes 8 y sábado 9, 8 p.m.; domingo 10, 2 p.m., en Ziff Ballet Opera House del Arsht Center, 1300 Biscayne Blvd. 305-929-7000.

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