De Lod a Miami: FIU presenta un antiguo mosaico romano

Detalle del mosaico romano

En el Museo Frost de la Universidad Internacional de la Florida se presenta Depredadores y sus presas, la exposición de un inmenso piso de mosaico romano de 50 pies de largo por 27 de ancho con extraordinarias figuras de animales salvajes y exóticos que ha sido trasladado en piezas gigantescas desde donde se excavó en la ciudad de Lod, antigua Lydda, en Israel.

La inmensa obra de arte fue descubierta en 1996, en una excavación para ensanchar una autopista. Inmediatamente la Autoridad de las Antigüedades de Israel fue avisada del hallazgo. Para preservar el mosaico lo volvieron a enterrar hasta obtener los fondos con que desenterrarlo por completo. En septiembre del 2009 fue removido y se comenzó una exhibición itinerante que ha recorrido el Louvre de París, y el Hermitage en Rusia. Los mostraron primeramente en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York en el 2010. Aquí se muestra hasta el 15 de mayo y probablemente sea el último sitio antes de su traslado de vuelta a Israel y a un museo que se está fabricando expresamente en Lod, a unas siete millas del aeropuerto Ben Gurión en Tel Aviv, antes conocido como Aeropuerto de Lydda.

 

Es un milagro de conservación y de transporte y los visitantes del Museo Frost de FIU tienen una oportunidad única. “Estamos muy emocionados con ser parte de esta gira”, dijo la doctora Jordana Pomeroy, directora del Museo, “el mosaico es espectacular y en circunstancias ordinarias no habríamos podido mostrarlo, si no hubiera sido por la generosidad de Patricia y Phillip Frost”.

El costo debe de haber sido enorme para trasladar una obra de esta magnitud. “Es un secreto muy grande, no puedo revelarlo”, apuntó Pomeroy sonriendo, “pero ha sido definitivamente una gran empresa, porque he visto como fue levantado y trasladado y no ha sido nada fácil”.

“El mosaico fue cortado en pedazos como si fueran las partes de un gran bizcocho y pegado a una malla”, contó la directora. “Luego lo enrollaron y pusieron en grandes contenedores, lo trasladaron y cuando lo desembalaron lo volvieron a pegar como si fuera un rompecabezas. Viajan con curadores, que los pegan de nuevo. Y le vuelven a poner el ‘grout’ entre las piezas cada vez que lo mudan”.

En el gran salón de la muestra aparece con esplendor inusitado. Es obvio que quien lo encargó, hace unos 1,800 años, no tuvo empacho en gastar dinero, para pagar a artesanos itinerantes. Quizás era un comerciante romano rico, de los que vivían en Lydda, entre Jerusalén y el Mediterráneo, ya que este era un sitio de cruce de caminos donde vivían romanos, judíos y cristianos, y no había musulmanes aún, porque estamos hablando del siglo III después de Cristo.

Está dispuesto en el centro del salón y en las paredes cuelgan paneles color guinda con letras doradas impresas en las telas explicando la grandiosa obra de arte, que arregló el curador del Museo Frost de FIU Klaudio Rodríguez con gran tino para destacar los detalles. Nos indicó que aquí vemos solamente la mitad del piso que encontraron. Está ligeramente elevado para que no caminen sobre el mismo, porque hoy es pieza de museo, aunque es duro y resistente, ya que obviamente se hizo como un piso para caminar sobre el mismo.

“No hay nada mitológico en este piso, pero sí ánforas de vino y pavos reales, que son símbolos de poder y de dinero, debió de ser un comerciante de bestias salvajes para el circo en Roma, aunque sí hay aquí un monstruo marino mítico”, dijo Rodríguez, quien mostró las siete secciones en que partieron el mosaico. Tampoco hay símbolos religiosos de ninguna de las religiones imperantes. Los tres videos en el salón adyacente muestran cómo se sacó del sitio, y cómo se hacían los mosaicos del Mediterráneo.

Este no es un piso de mosaicos pintados, como los que vemos en Marruecos o en los patios españoles. Es labrado, y se formó con piedrecitas calizas, y con pedacitos de cristal, encima de las formas de los animales que dibujaron los artistas. Son realistas, hasta el punto de que se pueden ver las arrugas, y los pliegues del cuerpo de las bestias. Tienen al menos unos cinco colores. Y su confección debió de haber durado mucho tiempo, según esos videos que se muestran en el museo, donde se puede ver el laborioso arte de crear mosaicos, que aún existe.

“Esta es una obra de arte muy especial, porque no hay figuras humanas”, comentó Pomeroy, “solo animales de la selva africana y peces del Mediterráneo, y el tema es muy sanguinolento, se puede ver la sangre de los depredadores, además hay aquí animales que ya no existen, por lo que es además un documento natural muy interesante”.

De hecho los animales más fuertes atacan a los más débiles. Son muchos de ellos bestias que se usaron para los combates de los gladiadores. “Los romanos tenían un gusto por la sangre”, comentó la directora. Pero en los bordes se ven peces de distintos tamaños, algunos muy grandes, del Mediterráneo.

“Hoy día cuando tantos monumentos artísticos están siendo destruidos de modo masivo, en Siria por ejemplo, es importante preservar este símbolo del arte y de la cultura, para poder entender la historia de miles de años atrás. Y nosotros probablemente seremos los últimos en este recorrido del mosaico de Lod, antes de que vuelva a Israel”, concluyó la directora.

 

olconnor@bellsouth.net

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