El legado de Roberto Matta

 

Gary Nader Fine Art presenta una imperdible retrospectiva sobre el artista chileno Roberto Matta.

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Adriana Herrera

Gary Nader Fine Art presenta una imperdible retrospectiva sobre el artista chileno Roberto Matta (1911-2002), cuya influencia mundial sobrepasa la de los demás maestros latinoamericanos. Fue pilar del expresionismo abstracto y de la pintura de acción que hizo de los Estados Unidos el epicentro de los grandes movimientos artísticos del siglo XX, antes de que dejaran de existir como tales.

Virgilio Garza, director del Departamento de Arte Latinoamericano de Christie's, o Carmen Melián, su homóloga en Sotheby's, quienes escogieron sus obras como portadas de las subastas en 2007, coinciden en esta apreciación junto con curadores como Gabriel Pérez-Barreiro y otros. La mayoría sostiene que el mundo anglosajón, marcado por una visión hegemónica que traza las influencias de norte a sur y no a la inversa, no ha reconocido bien su crucial influencia en figuras como Willem de Kooning o Robert Motherwell, ni su papel en la historia de arte.

Este reconocimiento empieza, pero aun no llega al público general. En las notas que acompañaron en el 2007 la venta en Christie's de una obra sin título de De Kooning realizada en 1942, se menciona la influencia decisiva de los artistas europeos --Piet Mondrian, André Breton, Max Ernst, Marcel Duchamp o Roberto Matta-- que transformaron la escena del arte en Manhattan durante la Segunda Guerra. El texto dice: ``Entre todos los recién llegados, destacó el artista chileno Matta, que dominaba el inglés y que sirvió como el más cercano puente de todo este influjo europeo y probó tener la más grande influencia directa en su trabajo''. Esta influencia no se debió sólo a su desempeño en tres lenguas ni fue únicamente sobre los norteamericanos. Ocurrió más tempranamente y de modo incontrastable sobre Arshile Gorky, figura pilar del expresionismo abstracto que encontró en las figuras biomórficas de Matta, en sus universos en estallido, en sus tempranos chorreados, elementos de un alfabeto visual para nombrar lo innombrable: el horror de las masacres que atestiguó, la cicatriz mortal de las guerras.

Tras formarse como arquitecto en Chile, Matta se había embarcado a Europa. En París fue dibujante de Le Corbusier, y en Londres trabajó con Walter Gropius y László Moholy-Nagy. En Rusia realizó proyectos de diseño, pero en 1938, trasladó su visión sobre lo espacial a los universos invisibles. Dalí lo animó a integrarse a los surrealistas. Exhibió con ellos en París. En Gran Bretaña ahonda en sus inscapes: morfologías capaces de captar estados psíquicos. De la pieza Crucifiction (Croix Fiction) realizada ese año, la crítica destacaba ya sus formas orgánicas en continua metamorfosis, y su conexión con los vastos espacios del subconsciente. A través de la cercanía de Yves Tanguy el eco de Jerónimo Bosco y Pieter Bruegel se transformaba en atmósferas cargadas con vientos de guerra que extenderían los límites del horror y lo expulsarían de Europa. Matta: A Retrospective, incluye esa obra junto con otras piezas clave de su serie de morfologías.

A comienzos de los cuarenta Matta pintaba en Nueva York. Motherwell afirmó que sus piezas eran posiblemente las más bellas entre las que allí se hacían entonces. Prueba de ello es la obra exhibida L'unité de l'absolut (1942). Si bien el eje de su influencia en el expresionismo abstracto y en la pintura de acción se reconoce en el catálogo de la exhibición de Matta en el Centro Georges Pompidou de París, en 1985; compendios de arte norteamericano para el público general omiten su nombre. Y, no obstante, como precisa el texto sobre la pieza Endless Nudes (1942), portada en la reciente subasta de arte latinoamericano de Sotheby's, Nueva York, ya en 1942, cuando dominaban derivaciones del realismo social o de la abstracción cubista, los críticos reconocían sus innovaciones radicales. La revista Art News hablaba de este joven que había inventado ``un idioma tan fuera del curso de la experiencia que parece la única perspectiva a través de la cual es posible aproximarse a su obra''. Duchamp le había hecho comprender el reto de usar un medio estático como la pintura para plasmar la ``perpetua transformación'' de toda realidad. La influencia de El gran Vidrio (Duchamp) y de la exploración de las relaciones humanas a través de complejos engranajes, es evidente en piezas exhibidas como Automate (1954), La demostración y otras sin título de los cincuenta.

Su arte, como exploración de ese flujo cambiante sigue las fugas de la imaginación, del eros o de la historia. La retrospectiva reúne obras de diversa importancia, realizadas entre 1938 y 1990, que permiten comprender su carácter pionero en el arte norteamericano, y los ejes de preocupaciones que lidiaban con dilemas filosóficos asociados a la representación del ser humano y del mundo en tiempos de crisis sin excluir las posibilidades de lo leve o lúdico.

A los 30 años había inventado todo. De la abstracción regresó a la figura con un lenguaje capaz de representar las contradicciones y desmembramientos interiores, la herida del deseo, como en Sophyte que je m'utile (1949). En los años 60, lo trágico se había volatilizado: podía rozar la caricatura, el humor descarnado, tal vez con la consciencia de que incluso lo grandioso es banal. Los colores de los años 90 son fosforescentes como en Vent d'aromes: rosas, amarillos, azules incendiarios que precipitan cataclismos sin drama alguno. Sólo queda la constatación del incesante cambio que dio movilidad sin par a su pintura.

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