El arte y la moda del Origomu

 

Algunos consideran que reciclar plástico es una responsabilidad, pero Tatiana Pagés, una chilena radicada en Manhattan, cree que es también una oportunidad para el arte.

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Ana Elena Azpurua

Algunos consideran que reciclar plástico es una responsabilidad, pero Tatiana Pagés, una chilena radicada en Manhattan, cree que es también una oportunidad para el arte.

Pagés, de 48 años, lanzó Origomu, una iniciativa para reciclar creando collares, bolsos y otros accesorios con los aros de plástico que sostienen las latas de refresco, a principios de este año.

``Las aves mueren porque no ven los six packs (aros de plástico para seis latas) y se enredan en ellos'', dice Pagés, quien pensó podría darle algún uso a esos anillos

transparentes.

`` ¿Qué pasa si inspiramos a la gente a través del arte a reciclar?'', recuerda que se preguntó entonces.

Origomu, cuyo lema es ``cambia al mundo con tus propias manos'', nació gracias a una conjunción de factores: un artí***** que Pagés leyó a mediados del 2009 sobre las aves que mueren enredadas en los aros transparentes; el haber vivido cerca del mar en Santo Domingo, Barcelona y Manhattan; y el hecho de que el encargado de la máquina dispensadora de gaseosas de su oficina la ayudó consiguiéndole la primera tanda de aros.

``Me pasé tres semanas haciendo collares'', dice Pagés de la primera etapa del proyecto, que comenzó en julio del 2009.

En esos meses, Pagés hacía los accesorios en cualquier rato libre, cuando llegaba a la casa luego de una jornada en su empresa de comunicaciones, donde se desempeña como directora ejecutiva, o cuando su hija adolescente estaba en el

colegio.

La chilena explica, mientras las pulseras que lleva chocan unas con otras, que Origomu significa ``doblar plástico'' en japonés.

Desde que ella y su equipo concibieron el primer catálogo de joyas recicladas en noviembre, Pagés se ha mantenido ocupada.

Donará un collar para la colección permanente y exhibición Eco-Fashion Going Green, del Fashion Institute of Technology de Nueva York, que abre el 26 de mayo; lanzó un concurso para que la gente se anime a inventar sus propios diseños con los aros de plástico y organiza talleres para ``enseñarle a todo el mundo a hacer los collares''.

Las piezas, dice, se parecen un poco a ella: ``Yo no quiero ser igual a como era el año pasado''.

Fue cuando cumplió 40 años que Pagés decidió incursionar en el mundo del diseño con sus propias creaciones. Pero siempre estuvo interesada en la conexión de la publicidad con el arte. Tomó cursos de joyería en la escuela de Artes Visuales de Nueva York y estudió en la Escuela de Diseño de Altos de Chavón en República Dominicana. En Santo Domingo exhibió su segunda colección bajo la marca Laio en la galería Lyle O. Reitzel, señala Pagés.

La diseñadora se ha puesto en contacto con distintas empresas en busca de apoyo a su iniciativa, pero no ha sido fácil conseguir patrocinadores. Sin embargo, dice estar determinada a atraer más gente a lo que define como un movimiento para reciclar con arte, que busca la participación de bodegas, colegios, museos y otras instituciones

culturales.

El concurso de Origomu, financiado por su empresa de comunicaciones Greencard Creative, ofrece 5,000 dólares al ganador con el mejor diseño. Pagés también ha dado talleres a mujeres en la Alianza Dominicana de Washington Heights en Nueva York y se puso en contacto con el departamento de Educación de la ciudad para publicar un afiche con las instrucciones de Origomu a través de su página web.

El plan es continuar promocionando a Origomu: ``Yo no tengo plan B. Sólo plan A'', dice Pagés de su filosofía de vida.

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