El arte de Sanín y Villamizar

 

La disciplina en pintura y escultura, en la Galería Durban Segnini, de Miami, puede compararse con un paseo metafísico por el jardín abstracto.

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Exposición Fanny Sanin / Eduardo Ramírez Villamizar
 

Joaquin Badajoz

La disciplina en pintura y escultura, en la Galería Durban Segnini, de Miami, puede compararse con un paseo metafísico por el jardín abstracto. La confluencia en un mismo espacio de dos importantes artífices del abstraccionismo latinoamericano, los colombianos Eduardo Ramírez Villamizar (1923-2003) y Fanny Sanín Sader (1938), permite acercarse a la forma y el volumen desde prácticas artísticas (la escultura y la pintura) y procesos creativos diferentes. Aunque ambos partieron del expresionismo lírico hacia la rigurosidad geométrica, siguieron sendas bifurcadas. Mientras Ramírez Villamizar transforma informaciones visuales en conceptos tridimensionales, Sanín persigue el arte puro, el deleite estético como principio y fin de la creación. Al viaje exterior de Ramírez Villamizar lo rodean las múltiples ventanas interiores de Fanny Sanín. Uno completa al otro, sin dejar de ser ambos maestros en sus oficios y dueños de universos abstractos con vida y energía propias.

EL PENSAMIENTO GEOMETRICO

Si Fanny Sanín, en casi cinco décadas, ha logrado construir una obra reconocible dentro del profuso mundo del abstraccionismo geométrico, se debe a su dominio del color y la forma. Heredera más de Malevich que de Mondrian, aunque a diferencia de ellos nunca usa el color blanco en sus composiciones, Sanín tiene una paleta distinguible de ocres y cinabrios sobre los que se superponen amarillos, verdes neón, rojos, o matices claros como el beige y los azules grisáceos, que le dan sobriedad y armonía cromática a sus cuadros. Sus Study for painting , que cubren una de las paredes de Durban Segnini son, más que simples bocetos, auténticas joyas de imaginería abstracta que muestran su intenso trabajo por hallar la obra perfecta. De hecho, sólo uno de ellos tiene su equivalente a escala en esta muestra, llevado al lienzo en Acrílico No. 3 (48x66 cm), en la que dos pirámides truncas invertidas verde neón sostienen una barra amarilla. Una de la pocas piezas expuestas que intenta romper con la verticalidad óptica de su creación en las últimas cuatro décadas. Verticalidad que en otras piezas se recoge en fuga, mientras las franjas parecen atraídas y trenzadas hacia un centro visual. Esas sutiles películas de color, que transparentan otras formas geométricas, van creando gamas por la superposición de colores, como respondiendo a un maquilado textil único e irrepetible.

Un detalle formal representativo de la obra de Sanín es que el punto de equilibrio óptico coincide con una bisectriz vertical imaginaria, creando un efecto de espejo en el que sus telas pueden ser segmentadas visualmente en dos mitades idénticas.

Antes de acercarse a su creación es prudente saber que, más allá de la obvia arquitectura pictórica, esa geometría no encierra ninguna referencia arquitectónica, por lo que toda comparación es alusiva. ``Mi pintura es como la música'', dice la artista. ``Uno compone acordes, suma sonidos, pretendiendo atrapar una armonía''.

EL UNIVERSO VOLUMETRICO

Sanín produce mundos, pero el maestro Ramírez Villamizar los hurta y los devuelve transformados por su obsesión volumétrica. Donde Sanín insinúa desde el espacio bidimensional perspectivas imaginarias, Ramírez Villamizar abate las tres dimensiones, llevándolas a un plano físico en el que los elementos parecen plegarse, perdiendo profundidad. En ese efecto radica su simulación cinética, la movilidad de una obra ferruginosa, de geometrías rígidas y ángulos hirientes. Una obra dura con un alto contenido poético.

La levedad de Boceto para manto emplumado, una escultura en hierro barnizado de 1988, es un ejemplo de la lírica de Ramírez Villamizar. Nótese que no se refiere a estudio, término más aplicado en escultura, sino a boceto, dibujo; y que aunque fuese un modelo a escala para una escultura monumental, como su Caracol Caribe, emplazado en los jardines de la quinta San Pedro Alejandrino, la hacienda en Santa Marta, Colombia, donde el libertador Simón Bolívar murió en diciembre de 1830, es sugerente que al llevarla a un plano bidimensional, fotográfico, la obra adquiera otros valores compositivos, convirtiéndose en un manto abstracto dentro del que flotaran delicados triángulos, apenas articulados por un punto invisible al resto del ``tejido''.

Otra de las obras paradigmáticas de Ramírez Villamizar es su Aerolito #2, de la serie de volúmenes romboides de 1991-1992, elaborada con angulares de hierro oxidado, que como las esculturas navegantes del otro titán de la escultura colombiana Edgar Negret, sólo se sostienen sobre un punto, un vértice.

Eduardo Ramírez Villamizar, igual que Negret, se interesó en las culturas precolombinas, aunque con resultados estéticos diferentes: la fluidez y las curvas de la obra constructivista de Negret contrasta con los bloques angulosos y los volúmenes sólidos de la geometría de Ramírez Villamizar, en la que se aprecian sus conocimientos de arquitectura. Y en ese sentido, quizá la más importante de las piezas expuestas sea Paisaje de Machu Picchu (1989), una plataforma articulada en cuatro niveles, que como nota Germán Rubiano Caballero en la Gran Enciclopedia de Colombia ``recuerda los sillares poligonales de la arquitectura incaica'', con laberintos internos de placas ondulantes y paredes escalonadas, a través de las cuales se descubren detalles que desde ciertos ángulos quedan totalmente escondidos.

Visitar la obra de Rodríguez Villamizar y Fanny Sanín no es sólo un lujo y un goce estético, también es un escape necesario de la vorágine citadina, una pausa para recorrer los mundos interiores, algo que sólo se logra perdiéndonos en un jardín metafísico o entrando arrobados a esta itinerante catedral de la pintura abstracta latinoamericana que es por estos días la galería Durban Segnini.

Joaquín Badajoz es escritor y crítico de arte. Escribe de arte para diferentes publicaciones y galerías.

`La disciplina en pintura y escultura', Galería Durban Segnini, pinturas de Fanny Sanín y esculturas de Eduardo Ramírez Villamizar. Hasta el 31 de julio. Wynwood Arts District, 2145 NW 2 Ave., dsegnini1216@aol.com, (305) 774-7740.

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