El arte de José Gurvich

 

El fascinante universo de José Gurvich es como un ágape infinito en el que el artista canta al hombre y a la vida.

José-Gurvich.jpg

Janet Batet

El fascinante universo de José Gurvich (Lituania, 1927 -- Nueva York, 1970) es como un ágape infinito en el que el artista canta al hombre y a la vida a través de signos universales inconfundibles. En sus cuadros, la rueda, el pez, la flor, el pan, la casa, entre otros, se van articulando en un mundo único donde fantasía y poesía tejen un viaje sin fin.

Bajo el sugerente título The Fantastic World of José Gurvich (El mundo fascinante de José Gurvich), El Frost Art Museum de la Universidad de la Florida (FIU) pone ahora a nuestro alcance una excelente muestra representativa de la obra de este singular creador. Indudable baluarte del modernismo del ***** suramericano, la obra de Gurvich ha sido poco divulgada en territorio americano, quedando mucho por hacer en este sentido.

La obra de Gurvich destaca por su carácter inclusivista y el gusto por lo heterogéneo. La misma trayectoria personal del artista, cimbrada por el periplo incesante a través de las latitudes y culturas más diversas, es símbolo de lo que más tarde se traslucirá al lienzo. Gurvich, deja su natal Lituania a la edad de seis años para radicarse junto con su familia en Montevideo,

Uruguay.

En un principio, el artista estuvo atraído por el mundo musical, matriculando en clases de violín a la edad de 16 años. Sin embargo, el encuentro con Joaquín Torres-García, el pintor y teórico uruguayo creador del universalismo constructivo, cambiará el curso del destino artístico de Gurvich, quien en el corto lapso de un año deja el violín y se matricula en el conocido y controvertido taller del maestro.

De los años en El taller con Torres-García, Gurvich incorpora elementos constructivos esenciales entre los que destaca el gusto por la estructura geométrica, el fondo simple y la utilización de símbolos simples de alcance universal. Con este arsenal de base, Gurvich desarrollará posteriormente el estilo particular que le caracteriza: pletórico, de imaginación desbordante, y carisma

sin igual.

Después de la muerte de Torres-García, Gurvich emprende un viaje a Israel y Europa. Para entonces, Uruguay estará siempre dentro del artista a través de la atmosfera del paisaje rural idealizado. En Israel, donde trabaja como pastor, redescubre el mundo religioso y cultural de la tradición yiddish que se integra a su obra como parte de su expresión identitaria. Los nuevos símbolos que incopora en su lenguaje incluyen la estrella de David, la menorah, la pareja, el sol. Siempre simplificados en una suerte de muralismo o estilo precolombino, que van nutriendo la surtida iconografía que distingue la obra de Gurvich.

Después de Israel, será Europa la que significará para el artista el descubrimiento de Chagall y Bruegel, los cuales significan el complemento esencial. De ellos gana Gurvich el espíritu onírico y sur-real tan típico del universo del artista.

Desde el punto de vista temático, podríamos hablar de cuatro cuerpos esenciales en la obra de Gurvich y claramente establecidos a través de la muestra. Son ellos, la pareja, los mundos imaginarios, el hombre cósmico y su etapa neoyorkina.

La pareja es un tema recurrente en la obra de Gurvich y funciona como comunión y canto al hombre. Asistimos invariablemente a cuerpos que se complementan y comparten lo mismo el trabajo, que escenas cotidianas o raptos apasionados. En el caso de los mundos imaginarios, el horizonte se ensancha para dar cabida a toda suerte de seres y símbolos que dialogan en armonía infinita. De esta etapa es su tempera Creación, de 1968, incluida en la presente muestra. Este cuadro es expresión de la simbiosis lograda por Gurvich entre el universalismo constructivo de Torres-García y la ensoñación de Bruegel. El manejo admirable del color y el uso del plano sugieren la espacialidad mientras que el espectador, fascinado, va descubriendo aquí y allá escenas de la vida diaria que se entrelazan con símbolos

imaginarios.

El hombre cósmico asoma entonces como una suerte de síntesis. La suficiente figura humana contiene en sí a la pareja y al mundo imaginario que ahora es encarnado en esta alegoría magnífica. Hombre cósmico, 1970, es una de las piezas resumen. La silueta, contenedora de la pareja y el universo todo es un emblema que canta a la humanidad.

Por último, la muestra nos abre paso a la producción de Gurvich durante sus años en Nueva York. Esta prolija etapa, interrumpida con la prematura muerte del artista, marca nuevos derroteros. Entre otros, el giro a una paleta más parca, a veces monocroma, donde el gusto por el gris y el ocre dominan. Aparecen nuevos símbolos citadinos que el artista incorpora a su obra, tales como señales de tráfico, autos, relojes, edificios, semáforos. Otras veces la línea se estiliza llegando a una simplicidad esencial, como ocurre en sus series serigráficas. Black and White New York, de 1973, es un ejemplo de la depuración formal a la que llega Gurvich, en la que por momentos El taller se hace sentir.

The Fantastic World of José Gurvich comprende además una selección de obras del artista en terracota así como de algunos de los numerosos proyectos escultóricos del artista. Homenaje imprescindible, la muestra ahora a nuestro alcance es un imponderable para los amantes del arte. Pero aún más, una oda a la alegría: canto al hombre en tanto poder edificador y manar de amor infinito.

`The Fantastic World of José Gurvich' hasta el 14 de marzo en el The Patricia & Phillip Frost Art Museum, 10975 S.W. 17 St. Miami, 33199, (305) 348-2890, http://thefrost.fiu.edu.

Speak Up!

ThemeKey Debug Messages
Current theme: miamiv5
No match: "system:host = m.miami.com >>> miamibootstrap"
Using default theme.
These are the current values of all available ThemeKey Properties. By clicking the value you can start creating a corresponding Theme Switching Rule.