Arte de Adela González

 

Cuando nos encontramos con una escultora como Adela González, nuestra impresión resulta positiva.

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Carlos M. Luis

La introducción del primitivismo en las vanguardias de los comienzos del siglo XX, cambió radicalmente el rumbo del arte contemporáneo. A partir de que los cubistas o los expresionistas aplicaran las máscaras africanas a sus respectivos estilos, la evaluación del arte primitivo cobró un nuevo significado. Por otra parte la evolución de los estudios etnológicos, aparejados con las diferentes exposiciones de objetos rituales provenientes de regiones colonizadas por los europeos, amplió el campo visual y conceptual de los pintores. Lo amplió en varios sentidos: en primer lugar porque les brindó acceso a unas culturas que rompían los paradigmas de la llamada tradición clásica del Occidente. Y en segundo lugar porque les permitió llevar al plano de la imaginación, el conocimiento de las costumbres y creencias de unos pueblos denominados peyorativamente como ``salvajes''. Las posibilidades que todo eso le ofrecía a los artistas y a los poetas, fue acrecentándose con la aparición del Surrealismo en el panorama de la segunda década del siglo XX. Fueron los surrealistas los que, a pesar de su mirada eurocéntrica, contribuyeron a despertar el interés poético hacia esos pueblos, abriendo por lo tanto un camino de exploración que otros han sabido aprovechar. Sin sugerir una conexión directa entre Adela González (Holguín, Cuba, 1969) y el surrealismo, pienso que las piezas que está mostrando actualmente en el Nkisi Project que dirige José Bedia, le debe algo a las posibilidades que ese movimiento abrió.

La famosa y controvertida exposición Primitivism in 20th. Century Art realizada en el MOMA de New York en 1984, sirvió de base para otras de esa misma naturaleza. Esto nos indica que la atracción por el ``primitivismo'' ha continuado acrecentándose con el correr del tiempo, adquiriendo las particularidades que las corrientes contemporáneas han impuesto. No siempre con éxito, habría que añadir, dada la proclividad que posee el mundo contemporáneo hacia la ingravidez de la moda. Es por eso que cuando nos encontramos con una escultora como Adela González, nuestra impresión resulta positiva. Una escultora sui generis, ya que algunos de los materiales que utiliza, rompen con la concepción tradicional que tenemos de ese arte. En el uso de fibras, textiles o plumas en piezas como Upward, Animal o Growing, González encuentra otros medios idóneos para sus trabajos. Dado esos componentes, uno de los detalles que sus esculturas destacan es su capacidad de síntesis. A pesar de que en el catálogo de la muestra se mencionan sus raíces afrocubanas como un elemento principal de su proceso creador, en su obra se distinguen otros de igual importancia. Me refiero por ejemplo al maravilloso arte de los pueblos de la Oceanía, cuya presencia se encuentra aludida en el uso de los materiales arriba mencionados. Pero ahí no se detiene la configuración de su mundo. En muchas de sus obras salta a la vista el erotismo latente que poseen. Si hablar de primitivismo nos lleva a relacionarnos con fuerzas primigenias, entonces Adela González ha sabido escuchar esas voces que llegan desde los orígenes, cuando los cultos a la fertilidad se expresaban sin represiones sexuales. En piezas suyas como Cinturón de castidad, Overstepping o Lengua, el eros se manifiesta bajo formas (fálicas o vaginales), que en algunos casos aparecen rodeadas o atravesadas con clavos u otros objetos puntiagudos, como en Semilla. ¿Estarán ``cargadas'' estas piezas de reminiscencias de los viejos tabúes anidados aún en nuestro inconsciente colectivo? Sus esculturas representan pues, un eros partiendo de formas ancestrales (como sus tótems así lo demuestran), para pasar por otros tratamientos más al gusto de la psiquiatría contemporánea. Pero acaso, ¿no fue Freud el autor de Tótem y Tabú?

Prosiguiendo con su capacidad de síntesis, el arte de Adela González despliega lo que un artista de vanguardia como ella ha podido captar de su época. Utilizando un lenguaje que recoge las corrientes de un pasado remoto, sus rizomas llegan hasta captar del llamado arte ``povera'', ciertos elementos básicos que le sirven como modo de expresión. Pero si ese arte no pretende demostrar más de lo que su nombre indica: experimentar con materiales no convencionales considerados ``pobres'', Adela González no se detiene solamente en su propuesta. Valiéndose de sus ofrecimientos, crea entonces su integración con el primitivismo, demostrando que la riqueza del arte consiste en aprovechar un pasado, con los ojos puestos en el presente.

Carlos M. Luis es historiador de arte, escritor, curador y conferencista en galerías y museos.

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