Dolores, but you can call me Lolita

 

Fire Station No. 4 de Miami, creada en 1923, se ha convertido en uno de los sitios más divertidos de la zona.

Dolores, But You Can Call Me Lolita owners
J.C. Chamizo and Carlos Galan, owners of Dolores, But You Can Call Me Lolita. Photo: Peter Andrew Bosch/Miami.com staff
 

Por Arturo Arias-Polo 

Los primeros vecinos de Brickell Avenue nunca imaginaron que con los años su estación de bomberos, la Fire Station No. 4 de Miami, creada en 1923, se convertiría en uno de los sitios más divertidos de la zona.

Se trata de Dolores, but You can Call me Lolita, emporio de la buena mesa, tragos y música, considerado por sus parroquianos la mejor opción del área.

''Vivo tan cerca que vengo a pie'', dice Mónica, una ecuatoriana en sus veintitantos, mientras paladea el vino de la casa en una de las mesas de afuera. ``Los aperitivos son muy ricos y siempre se encuentra alguien con quien bailar''.

Adentro la música retumba en Lolita gracias al DJ Lenin, un venezolano que los viernes y sábados combina el sonido anglo de los años 80 y reserva los ritmos latinos para los jueves.

El edificio de 12,000 pies cuadrados fue decorado estilo mediterráneo por los arquitectos Ignacio García de Vinuesa y Juan Sobrino, quienes conservaron los tubos del original cuartel de apagafuegos. Cuenta con dos plantas, cafetería, salones para fiestas privadas y un par de restaurantes: uno en la terraza al aire libre y Dolores. Para los próximos meses se anuncia la apertura del patio.

''Hay veces que Lolita me da más preocupaciones que la propia Dolores. Pero las disfruto muchísimo porque siempre quise tener un sitio propio'', confiesa el cubano Joaquín Chamizo, experto en mercadeo y codueño del proyecto junto con el español Carlos Galán --ex propietario de Macarena--, con muchos años de labor en firmas importantes.

Chamizo no tiene reparos en revelar la fórmula del éxito en su nuevo negocio: platos que oscilan entre $18 y $23, oferta variada --preparada por el chef dominicano Luis Mora-- de desayuno, menú ejecutivo a la hora del almuerzo y, sobre todo, un trato excelente.

La ausencia de cover para entrar a Lolita, más los estímulos del happy hour--tragos a mitad de precio y platos surtidos a $8 y $12-- son atractivos que atrapan al público.

''¿Dónde cuesta $13 la botella del vino de la casa? La idea es que la gente repita la visita'', concluye el empresario.

Según su relacionista pública, la colombiana Andrea Carrasco, los famosos han encontrado su refugio desde que Dolores abrió sus puertas hace año y medio. La lista es larga: Sofía Vergara, Fanny Lu, Carlos Vives, Ilia Calderón...

''Aquí también Enrique Iglesias lanzó su último disco'', agrega Carrasco. ''Una noche Adrien Brody cayó de sorpresa con su novia española [Elsa Pataky] y en otra ocasión Paulina Rubio llegó sin avisar'', recordó.

Pero esta noche Giselle Blondet escogió una de las mesas VIP al aire libre para celebrar su cumpleaños, junto a sus hijos, su mamá y un grupo de amigos.

''Me fascina este lugar. La comida es riquísima y el ambiente es muy relajado. Sin dudas es un gran acierto de Carlos Galán, un hombre que conoce muy bien la ciudad y los gustos de la gente'', dijo la presentadora mientras su mamá invitaba a beber un coquito puertorriqueño con sabor a gloria.

La fila para entrar crece por minutos. Como el cierre es a las 3 a.m. todavía hay tiempo de cenar y sumarse al rumbón.

Y mientras que en Dolores domina la calma del ambiente familiar y en la terraza no hay atisbos de que los grupos de jóvenes abandonen sus mesas, Lolita se pone peligroso por su música excitante y el baile sensual de unas mujeres decididas a pasarla fenomenal hasta que sus cuerpos aguanten.

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