The Devil’s Double

 

Crítico de cine: la verdad deja enana a la ficción

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René Jordán - El Nuevo Herald

“Dime a quién te pareces y te diré quien eres” es uno de los comentarios más inquietantes que cualquiera puede escuchar, pero es mucho peor cuando adquiere un tinte político. The Devil’s Double lo retuerce al máximo en un filme donde la verdad de los hechos deja enana a la ficción.

En el apogeo del poder de Saddam Hussein, poco antes de la operación Desert Storm. se abrió un mundo culpable al umbral de un hombre inocente.

Latif Yahia, teniente del ejército de Irak, fue convocado a Bagdad. Uday, el hijo mayor del déspota, necesitaba un doble para velar sus fechorías y servir de blanco en caso de atentados. Latif se parecía peligrosamente a Uday y le tocó en mala suerte el papel de fiday o doble, con elementos de señuelo.

Uday era un absoluto monstruo que mataba impunemente y violaba niñas secuestradas en plena calle. Vagaba de una orgía a otra, fumando inmensos tabacos, borracho y drogado adicto al genocidio. Por el contrario, Latif era callado, reprimido, resignado a su condición de anónimo militar en provincias. De repente se ve rodeado de fiestas con caviar, champán y un harén a su disposición. Le repugnaba aceptarlo, pero negarse implicaba la sumaria ejecución de toda su familia.

Con trajes de Brioni, pijamas de Versace y relojes Rolex, el fiday recibe elogios y reproches de su sádico doble. Su fatal error fue interesarse en Ludivine Sagnier, concubina favorita de Uday. El filme avanza con ritmo demoníaco, fotografiado en un Radisson de la isla de Malta y envuelto en irresistibles sexo y violencia.

Uday y su hermano menor fueron ejecutados en el 2003 y Latif vivió para narrar su temporada en el infierno en un libro que el guión de Michael Thomas adapta tomándose –según dicen– excesivas libertades. La razón de asomarse a este desagradable episodio es observar la camaleónica actuación de Dominic Cooper en un papel más que doble... casi triple.

El joven actor ingles de History Boys comparte la pantalla consigo mismo, de izquierda a derecha, en diferente actitud, durante la filmación hablando con invisible coestrella. Es notable tour de force en que contrasta la obligatoria aquiescencia del fiday con la combustible energía del tirano convertido en su dueño y señor. La similitud física era tal que se rumora que hasta Saddam Hussein los confundía, pero en The De vil’s Double siempre se sabe que Dominic Cooper domina cada escena con la imagen de un corrompido espejo.

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