Danza: Miami City Ballet

 

Las claves del Programa III

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OLGA CONNOR

Para adentrarnos en el Programa III: Los Maestros, que presenta el Miami City Ballet este fin de semana en el Adrienne Arsht Center, la venezolana Mary Carmen Catoya, bailarina principalísima de esta compañía por muchos años, nos lleva de la mano, explicando los conceptos que mueven las coreografías y a los bailarines.

Los maestros son: George Balanchine, el espíritu que ha inspirado a esta compañía desde que se fundó, y mentor de la nueva directora Lourdes López, y Alexei Ratmansky, que coreografió Symphonic Dances con los bailarines del MCB y la Orquesta de Cleveland el año pasado, sobre la música del mismo título de Sergei Rachmaninoff.

Catoya es la principal bailarina en el tercer movimiento de la obra de Ratmansky, y nos cuenta su experiencia ensayando con el coreógrafo. “El nos dijo que este ballet no tenía historia, pero nos dio pequeños detalles”, explica. “Me dijo que lo hiciera como si estuviera anunciando la guerra, corriendo desesperada, haciendo gestos de miedo con los pasos, como avisando que está pasando algo, que todos tenemos que salvarnos de lo que está sucediendo”.

Aunque el año pasado, antes del estreno de la obra el 1ro. de marzo, Ratmansky aseguró en entrevista con El Nuevo Herald que “uno no puede realmente traducir la danza en palabras, o relatos al ballet, o música a las historias, porque las historias en el ballet no son literales y la música que oímos es dramática o trágica, pero no tenemos idea del drama a que se refiere”.

Esta fue la última obra de Rachmaninoff, especialmente para ballet, y se dice que la hizo para relatar su propia vida musical. La música va de la melancolía a la fuerza enérgica. “Por eso en esta tercera parte tengo una constante pelea”, insiste Catoya. “Al final termina como si ella fuera un proyectil que se lanza en las manos del varón, los bailarines que salen del costado del escenario la llevan cargada de piernas y brazos, y al depositarla en el centro ella empieza a hacer fuettés [pasos de latigazos con las piernas] a una velocidad impresionante”.

De las tres obras de Balanchine en el programa, el Pas de deux de Chaicovsky es una de sus joyas y Catoya es una de sus protagonistas. “Los pasos son bien complejos y representan un compendio de todos los aspectos de su estilo”, dice la bailarina, pero la interpretación es fundamental. Tiene sus cosas de bravura, pero en el entorno, aun cuando se baile con la mayor fuerza, hay una delicadeza”.

“Si no hay interpretación en el baile uno podría verse como un robot”, afirma Catoya. “Todo artista busca ese yo interior que pueda proyectar en el escenario. El significado de la entrega al final del pas de deux, al lanzarse la bailarina en los brazos del bailarín, es que está confiando plenamente en él”.

The Steadfast Soldier, un pas de deux con música de Bizet, en el que Catoya hace el papel de la muñeca, y La Valse, con música de Ravel, bailado por toda la compañía, son las otras dos piezas de Balanchine que completan el Programa III.

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