Cuba Ocho: La rumba en el museo

 

Cuba Ocho: La rumba en el museo

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Por Alberto Sánchez

La Rumba, el lienzo que el maestro cubano Antonio Sánchez Araújo pintó en 1937, fue el invitado especial para la fiesta por la celebraración del quinto aniversario del Cuba Ocho Art and Research Center, el pasado 5 de diciembre.

Esa noche los asistentes no dejaron pasar la oportunidad de tomarse una foto junto al famoso lienzo, que para muchos refleja el proceso multicultural de la rumba. Lo mismo que hacían quienes visitaban Cuba durante la década de 1950, como muestra de que habían pasado por la capital habanera.

Los invitados bailaron y festejaron hasta bien entrada la noche en un escenario de fiesta y rumba que se repite cada fin de semana en este centro cultural. Bandas locales e invitados amenizan los espectáculos y los eventos culturales. Se baila al compás del Chan Chan , El cuarto de Tula, Lágrimas negras, y Alma de roca. Los visitantes quedan asombrados con el sonido del Organo Oriental de Miami, y el popurrí de congas, sones, cumbias, merengues y danzones que a través de este se escuchan.

Roberto Ramos, presidente de Cuba Ocho, cuenta cómo aquí se ha bailado con artistas cubanos de cualquier parte, refiriéndose a los músicos de la isla que viven en cualquier parte del mundo, lo que convierte al Centro en una plaza donde se produce un espontáneo y auténtico intercambio cultural.

Artistas de la talla de Bobby y Robertico Carcassés, el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, Aymée Nuviola, la Orquesta Riverside, Xiomara Laugart, Gerardo Aguillón, Los Papines, el grupo del saxofonista cubano (ex Irakere) Carlos Averoff, Gorki Aguila, Mainstreet, Chuchito Valdés, Frank Díaz y su Havana Soul Live, y René Gueits y su espectáculo de salsa se han presentado en el lugar. Añade que hasta Cándido Camero, el legendario percusionista cubano, estuvo aquí para a celebrar un cumpleaños. “Llevamos”, dice Ramos, “tres años celebrando el Violin Jazz Festival, al que asisten violinistas de todo el mundo, algo que comenzamos con el cuarteto Puente de Cuerdas”.

Para Ramos, lo más importante es el vínculo del Centro con la vida y la reanimación cultural de la comunidad de La Pequeña Habana. El lugar exhibe una muestra permanente de más de 50 pintores cubanos, y tienen otras 400 obras a la venta, 200 de ellas pertenecientes a la colección Ramos. La colección completa, que abarca la primera mitad del siglo XX, se puede consultar en el libro Grandes maestros del arte cubano, resultado de 15 años de investigaciones.

“De este centro”, dice Ramos, “salió por primera vez una colección de pintura cubana que se ha exhibido en cinco museos norteamericanos. Son 72 pintores con 98 piezas. El valor más importante es el concepto de la recuperación de estas obras que en Cuba han tratado de olvidar. Los autores que se fueron prácticamente los borraron. Hasta prohibieron mencionarlos en los libros”.

Para la decoración del Cuba Ocho han adquirido una colección de lámparas Tiffany, jarrones y esculturas, que se combinan con cuadros e imágenes de la Virgen de la Caridad, y otras de la cultura popular como Marilyn Monroe.

El mobiliario, dice Ramos, lo rescató, a muy bajo precio, del Yesteryears, un club privado que tenía Frank Sinatra en la avenida Collins y la calle 51, en Miami Beach. De este obtuvo la madera, que un carpintero cubano convirtió en la barra, las mesas redondas y las piezas que decoran el techo.

Sobre el bar un cartel dice “The World Largest Rum Collection”. Se refiere a una colección de 450 de los mejores rones que se destilan en Centroamérica y las islas caribeñas, que Ramos ha ido adquiriendo. En su opinión, “le da clase al lugar”, y satisface sus inquietudes de coleccionista incansable. Entre las marcas más reconocidas se encuentran el Centenario 25 años, el Sherman Reserve y hasta el Mount Gay, que se destila en Barbados desde 1703, considerado el ron más viejo del mundo.

Junto a los cuadros existe una colección con ediciones completas de algunas de las revistas y libros cubanos más importantes de la década de 1950, como Verbum, Orígenes, Ciclón, Social, Bohemia y Carteles. Roberto Ramos recuerda que en una ocasión lo visitó el ex preso político y medallista olímpico cubano Ramón “Rino” Puig, a quien sorprendió mostrándole las páginas que Diario de la Marina le dedicó a la boda que celebró junto a su hermano Ñongo Puig.

Ramos resume su historia y la del Centro en la de alguien que hizo un museo sin ser millonario, a partir de una pequeña colección que trajo en un bote cuando escapó de Cuba. “No hay museos en Miami para colecciones como estas. La idea es simplemente recuperar esta parte de la historia del arte cubano”, afirma.

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