Cine: Wrath of the Titans

 

Con entusiasmo de serie dominical

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RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE

Si actores británicos de exquisita pronunciación no encuentran ripios de Shakespeare para aliviar el desempleo, les queda el recurso de saquear al Olimpo y sus dioses. Llegan al rescate y salen a meter ruido espectacular en Wrath of the Titans, que hace 12 años se llamaba Clash of the Titans y de aquí a otros 12 reaparecerá como Crush of the Titans.

Estamos de nuevo en familia con Perseus (Sam Worthington), algo fatigado de despeluzar a la Gorgona, ansiando irse de pesquería con su hijo Helius (John Bell). Se lo impide el padre Zeus (Liam Neeson), en liga con su infernal tío Hades (Ralph Fiennes) mientras que el oceánico Poseidon (Toby Kebbel) discute con la reina Andrómeda (Rosamund Pike) sin contar con que Hephestus (Bill Nighy) se equivocó de película y entra de buenas a primeras a payasear a lo Pirates of the Caribbean.

Claman y declaman restándole espacio a los monstruos de cuatro patas y tres ojos bizcos, motivo especial para ver este show de efectos especiales. Va manejado con entusiasmo de serie dominical de episodios por el director Jonathan Liebesman, mucho más eficiente que su predecesor Louis Leterrier en el previo titánico tinglado.

Es muy posible irse por las ramas de este árbol genealógico, pero Neeson, Fiennes y Nighy se entretienen recitando los parlamentos de la parentela. El mejor es el menos conocido, porque Edgar Ramírez es Ares, dios de la guerra, comandando sus bélicos ejércitos con mucho más mitomanía que mitología. Y, por supuesto, sin pedirle permiso al Cíclope en tridimensional Ciclorama.

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