Cine: Teddy Bear

 

Músculo al amor con la inocencia de un colegial

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RENÉ JORDÁN |CRÍTICO DE CINE

Dennis (Kim Kalo) es levantador de pesas a nivel de competencia mundial. Tiene la corpulencia de un escaparate de tres puertas y la inocencia de un colegial de primer grado. Quisiera encontrar una mujer, pero no sabe cómo encontrarla. Vive bajo el control dictatorial de su madre en un suburbio de Copenhague. La película no se atreve a decirlo, pero tal parece que Dennis ha llegado virgen a los 38 años.

Por primera vez, lo vemos tratando de “levantar” a una rubia en el gimnasio, pero más fácil le sería levantar un tractor. La madre mandrágora lo ha excluido del sexo y quizás ni ha aprendido a masturbarse. Un tío medio viejo consigue casarse con una joven en Tailandia y le da ideas de escapatoria al prisionero del complejo de Edipo.

Por primera vez, le miente a mamá y le anuncia que irá durante una semana a una competencia deportiva en Bélgica, pero se va rumbo a Pattaya. Lo aterra la ciudad y la prostituta que mandan a atenderlo. El chofer del gimnasio a que acude lo invita a una cena familiar donde conoce a una viuda. Ni sabe qué hacer con ella y en la cama se acurruca en sus brazos.

Así y todo se atreve a comprarle un pasaje a Copenhague y a alquilar apartamento para esperarla y casarse con ella. La madre monta en cólera y se niega a hablar con la visitante. En el final fascinante, Dennis toma una decisión entre mostrar agallas o corazón o ambos. De cualquier modo, Teddy Bear es magnífica.

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