Cine: To Rome with Love

 

Barata, simpática e intrascendente

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RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE

Para mi gusto particular, la obra maestra de Woody Allen sigue siendo Manhattan. Por distintos motivos, abandonó su inspiración de Nueva York para emprender larga excursión por Londres, Barcelona, París y, ahora en cuadriculada cartica de amor, Roma, bajo el titulo generalizado de To Rome With Love", al que acudió tras varias opciones.

Su más reciente éxito crítico/comercial, Midnight in Paris resucitaba a Hemingway, Gertrude Stein, Scott Fitzgerald con variable probabilidad en la Ciudad Luz. Prefiero –con todos sus defectos– el actual tributo a la Ciudad Eterna, popurrí de anécdotas que no escapa del desnivel comparativo y endémico de estas películas a pedacitos. Unas mejores que las otras.

La más efectiva gira –y no por casualidad– alrededor de Jack (Jesse Eisenberg), obvio modelo tartamudeante del joven Woody de los comienzos. Jack vive como estudiante de arquitectura en Trastevere, participando en parodia matrimonial con la algo sosa Sally (Greta Gerwig). Pasando bajo el preludio de tedio se anuncia la amenazadora llegada de Mónica (Ellen Page), actriz neurótica de potencial destructivo. El apropósito cómico funciona por la presencia surrealista del arquitecto John (Alec Baldwin), que aconseja a su alumno de los peligros implícitos en la visita de Mónica.

Al fantasmagórico John nadie lo ve, excepto Jack. Su intervención compensa el error del director Allen en darle el papel de seductora a Page, fatalmente elegida como mujer fatal. La presencia invisible de Baldwin convierte en mefistofélico cuarteto lo que pudo ser insípido triángulo. A este episodio le sobra la gracia perversa que le falta al próximo. Hayley (Alison Pill) espera junto a la Fontana de Trevi el arribo de sus padres (Woody Allen y Judy Davis). Hayley plana casarse con Michelangelo y su futuro suegro (Fabio Armiliato) tiene estupenda voz operática, pero sólo le interesa cantar en la ducha. El padre de Hayley es Jerry (Woody Allen, en su único papel como actor en el filme), un agente retirado del mundo de la ópera, que quisiera representar al renuente Armiliato. Organizan pruebas donde interpreta Pagliacci mojado y enjabonado. La idea no es mala, pero no hay otra y se ven forzados a repetirla.

El tercer episodio presenta a dos recién casados que llegan a Roma desde Pordenone. Por una confusión insostenible, a Antonio (AlessandroTiberi) lo enredan con un prostituta y a Milly (Alessandra Mastronardi) con un famoso actor de cine, calvo y regordete, Luca Salta (Antonio Albanese). Nada de lo que ocurre es convincente, pero los actores son buenos y Penélope Cruz, en el papel de transitoria ramera, tiene el rol más agradecido de la película.

Roberto Benigni interviene en una sátira de la celebridad como un don nadie súbitamente perseguido por cazadores de autógrafos y entrevistadores de la televisión. En la noche de los oscares, Benigni logró lo inolvidable por insoportable, pero Woody Allen lo maneja con discreción e inteligencia en el sketch más flojo, pero con breves destellos de sátira cruel.

To Rome with Love se llamaba originalmente Bocaccio Bop, pero la prensa italiana protestó por la inclusión del nombre. Más tarde, la titularon Nero Fiddles, pero igualmente consideraron errónea la alusión al emperador que nunca tocó el violín. To Rome With Love es título inofensivo para una comedia barata, ocasionalmente simpática y, en definitiva, intrascendente.

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