Cine: Red Hook Summer

 

Nostalgia paquetera en Atlanta

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RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE

Flik (Jules Brown) vive sin problemas en Atlanta hasta que por razones nunca aclaradas, su madre lo manda a pasar el verano en Brooklyn con su abuelo Enoch (Clark Peters), predicador de una iglesia conocida en el barrio de Red Hook como “Pedacito de Cielo”. El director es Spike Lee, adicto a la problemática urbana, luego prepárense a pasar una temporadita en el infierno.

A los 13 años, el contradictorio Flik es vegetariano y ateo, preparado para mandar al diablo al santurrón abuelito, que lo aturde con sermones atronadores y lo atora con comelatas intragables. Pernoctan en un edificio municipal, en pugna constante con un tipejo gangsteril (Nate Parker) y un borrachín loco (Thomas Jefferson Byrd), que se aparecen a cada rato a llenar espacio en una película vacía. Flik solo ocasionalmente empata con la vecinita Chazz (Toni Lisaith), experta en insultos de Octavo Grado como: “Eres un retrasado con R mayúscula”.

Spike Lee vendió nostalgia barriotera con Crooklyn o Do the Right Thing, pero ese negocio quebró hace tiempo aunque el guionista/director persiste en evocarlo con el mensajero Mookie, papelito que el autor se ha reservado para salir a entregar paquetes que nadie quiere... como esta película.

Red Hook Summer se desperdiga a última hora virando todo de cabeza con revelaciones del pasado de Enoch, muy mal colocadas como si de repente arrancara otra que no engancha con la anterior. Todo sucede tan rápido que es como si a Lee se le acabara el tiempo, el presupuesto o la excesiva dosis de persistente beatería.

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