Cine: Reality

 

Sátira del ‘Gran Hermano’ italiano

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PILAR AYUSO

Cuando años atrás el director romano Matteo Garrone asistió al taller de teatro de la prisión italiana de Volterra, quedó fascinado con Aniello Arena, un gánster convicto convertido en actor al que quiso integrar al reparto de su película sobre la mafia italiana, Gomorra (2008).

El reo cumplía –y sigue cumpliendo– una condena por su participación hace dos décadas en el asesinato de tres miembros de una banda que operaba el negocio de la droga en Nápoles. Los jueces no le dieron el permiso entonces, pero para su nueva película, Reality, el director siguió pensando en aquel actor “bendecido por el carisma de Robert de Niro”. Y esta vez sí lo consiguió.

Tuvo buen olfato Garrone, porque Arena se convirtió en el alma de su película Reality, una elocuente sátira que trata del efecto manipulador de los shows televisivos en las masas, galardonada con el Grand Prix del Jurado en Cannes, 2012.

Deslumbrado por el Grande Fratello (versión italiana de Gran Hermano), que tiene a medio país pegado a los televisores, Luciano (Arena), un napolitano pescadero y timador de poca monta, alentado por sus hijos y su mujer (Loredana Simioli), corre a presentarse a un casting para participar en el concurso. La posibilidad de salir por televisión hace que su familia compuesta por una pintoresca tropa bien llevada, y los vecinos del barrio lo vitoreen como a un héroe, pero los días pasan y la llamada de los ejecutivos del reality show se hace esperar. La esperanza de Luciano se convierte en obsesión casi paranoica, al ver espías del programa por todas partes. Hasta que pierde el sentido de la realidad y termina lanzando sus pertenencias por el balcón a los indigentes del barrio, en desprendida pose ante los posibles examinadores de su conducta.

Arena, que al terminar las jornadas de filmación, debía regresar a dormir a su celda donde lleva 22 años confinado, debió haber vivido intensamente cada minuto de su efímera libertad, espíritu que sin dudas transmitió en su extraordinaria actuación. Su rostro absolutamente fascinado al entrar en los míticos estudios de Cinecittà expresa una gama de sensaciones tan vívidas que hace pensar si no estaría también protagonizando el reality de su propia vida.

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