Cine: As Luck Would Have It

 

La chispa de la vida es una comedia muy trágica

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PILAR AYUSO

La mala suerte parece estar echada para Roberto Gómez (José Mota). Agobiado por el desempleo y la crisis, va en busca de su última esperanza en las manos de un poderoso colega que se ha hecho rico gracias al eslogan ideado por aquel en sus mejores tiempos de publicista: “Coca cola, la chispa de la vida”.

Mientras se sirve un café esperando a ser recibido en el lujoso edificio de oficinas, donde otros muchos parados aguardan con sus currículos, un limpiador de vidrios lo empapa de agua en un descuido, y luego es el café el que cae en su traje planchado amorosamente por la esposa (Salma Hayek) para la entrevista, que resulta fatal.

De regreso en la calle, y luego de sufrir el ataque de un indigente, se va a Cartagena, en nostálgica búsqueda del hotelito donde pasó la luna de miel, pero el lugar ya no existe. Y todavía no ha ocurrido lo peor en La chispa de la vida ( As Luck Would Have It), comedia bañada de humor negro que no tarda en convertirse en tragedia mordaz.

El vizcaíno Alex de la Iglesia no esconde en su filme su intención de crítica social. La vida es dura y despiadada para el profesional en paro que solo quiere el bienestar de su familia. El guión de Randy Feldman le da a la historia, muy cercana a El Gran Carnaval (1951), de Billy Wilder, una comicidad agridulce, que ataca la sociedad contemporánea por su flanco más deshumanizado.

La desventura sigue su cauce y se torna tan absurda que no parece creíble, pero ahí veremos a Roberto entre la vida y la muerte, con un hierro clavado en la cabeza, entre las ruinas del Teatro Romano de Cartagena, descubierto donde antes estaba el hotel. La truculenta historia ya no da gracia, y sobran los pocos chistes que aun intentan relajar la atmósfera.

Atraídos por el morbo de la exclusiva, una horda de curiosos, periodistas, políticos y pejes gordos de los medios se apropian del espectá*****. Todos ellos, incluido el accidentado, convertido en estrella mediática, intentan sacarle lascas a la desgracia. El filme, con visos de caricatura, transita hacia una infame conclusión: el hombre vale más muerto que vivo para los medios. Pero todavía queda quien le dé a este circo romano un poco de dignidad.

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