Cine: Little White Lies

 

Entretenidas mentiritas

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RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE

En Little White Lies, todo parece ir “de mentiritas” entre un grupo de parisinos dedicados a freír la vida en frívola sartén y tomársela en serio cuando no les queda otro remedio. Eso le pasa a Ludo, organizador de orgías y francachelas, cuando un accidente de motocicleta lo obliga a desistir de las vacaciones playeras planeadas para su pandilla de bon vivants.

El lúdico Ludo es Jean Dujardin, reciente ganador de inmerecido Oscar por The Artist. Mejor aquí en el papel de picaresco picaflor, herido en su vanidad cuando los otros lo dejan plantado y averiado para irse a disfrutar de un palacete –liberado de razones– con puertas abiertas por el magnánimo Max (François Cluzet).

Max se lleva la sorpresa de la temporada cuando su mejor amigo, Vincent (Benoît Magimel), le declara su amor apasionado, pero no hay que hacerle mucho caso porque es platónico como el del solterón Eric (Gilles Lellouche) por el cretinoide Antoine (Laurent Lafitte), que se aconsejan mutuamente para enganchar inconseguibles mujeres.

En medio de estos zánganos, brilla Marie (Marion Cotillard) reciente ganadora de otro Oscar inmerecido por piafar en imitación de Edith Piaf. Por supuesto que Marie-Marion tiene el mejor papel, porque en la vida real está románticamente ligada con el director Canet, autor en sus buenos tiempos de la estupenda Tell No One.

En fin, que todos están de capa caída tras pasados éxitos y cayeron en Little White Lies, que es copia o plagio de The Big Chill de 1983, imitando al clásico de Lawrence Kasdan hasta en la banda musical de nostálgicas canciones americanas de los anos sesenta, un poquito desajustadas en este romance a la francesa. Pero conste que el ladrón tiene 100 años de perdón, porque The Big Chill ya era casi idéntica a The Return of the Secaucus Seven , de John Sayles, en 1981.

Después de tantas quejas y despilfarros, hay que admitir que Petites Mouchoirs está muy bien actuada por excelente reparto, muy bien fotografiada en bonitos exteriores e interiores, aunque por desdicha es demasiado larga, porque esto nunca da para estirarse a dos horas y media. Pero (y a esta película le sobran los “peros”) la verdad es que se pasa bastante buen rato con sus mentiritas.

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