Cine: The Last Stand

 

Un villano a la altura de Schwarzenegger

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GABRIEL DE LERMA | gabriel@gabrieldelerma.com

Si hay una escena de The Last Stand que quedará para siempre en los anales del cine, es la del español Eduardo Noriega abrazado en medio de una lucha mortal con Arnold Schwarzenegger, como si más allá de la magia de la pantalla grande fueran dos rivales que realmente pudieran batallar durante más de dos minutos sin que uno termine aplastando al otro.

El propio Noriega confiesa, en entrevista exclusiva, que hubo un disfrute especial en esa secuencia. “En un momento determinado, que le tenía agarrado del cuello [a Schwarzenegger] le dije al director [Jee-woon Kim]: ‘Déjame decirle algo en la oreja’. ‘¿Pero qué le quieres decir?’, me preguntó. ‘Pues, ¡estás acabado, Terminator!’, le respondí, aclarándole: ‘No para la película, ¡es para mí!’ ”.

No es que a Noriega, que se hizo famoso en su tierra como protagonista de Tesis y Abre los ojos, de Alejandro Amenábar, se le hubiese subido el personaje del villano a la cabeza. Por eso enseguida aclara, “la verdad es que él lo hace muy fácil. Es un gran seductor que tiene mucho sentido del humor. Recuerdo que empezó a contar anécdotas graciosísimas de The Expendables, específicamente del rodaje que compartió con Bruce Willis y con Stallone. Lo cierto es que él enseguida relaja el ambiente, se nota que viene de la escena política porque es un tipo que no entra en temas escabrosos o complicados, y en el contexto del rodaje de cine es muy amable. Luego, a la hora de rodar, al principio te impresiona un poco, pero a los cinco minutos de tirarte en el suelo con él y agarrarlo del cuello, pues se te pasa y se transforma en un compañero como cualquier otro”, afirma.

Noriega es solo uno de los muchos actores latinos que integran el elenco de la película que marca el regreso de Schwarzenegger a la pantalla grande como protagonista, tras su retiro –tal vez temporal– de la funciones públicas. Sin embargo, el nativo de Santander tiene el segundo lugar en los créditos porque después de todo es el villano del filme.

“Recuerdo que cuando llegó el guión, entendí que era para otro papel y finalmente me di cuenta de que no, que era para el papel del villano. Y me pareció mucho más goloso. En una peli de Arnold, hacer del villano que se enfrenta a él es muy divertido, más allá de que el hacer de malo siempre lo sea”, aclara.

En The Last Stand la historia gira precisamente en torno a su personaje, un narcotraficante mexicano llamado Gabriel Cortez, que ha montado una elaborada operación para fugarse de una prisión de alta seguridad en Las Vegas durante un traslado a cargo del FBI. Parte de su plan es llegar hasta México a bordo de un Corvette de última generación y, para poder cruzar la frontera, tendrá que hacerlo por un pequeño pueblo llamado Summerton Junction cuyo sheriff es un policía interpretado por Arnold, que se ha retirado allí después de una mala experiencia con el Departamento de Policía de Los Angeles.

El sheriff tendrá que hacerle frente al criminal junto a un grupo de ineptos entre los que se cuentan un incompetente, encarnado por el puertorriqueño Luis Guzmán, y un inadaptado con un pasado criminal, a cargo del brasileño Rodrigo Santoro. A bordo del Corvette viaja como rehén una agente del FBI, interpretada por la nativa de Miami, Génesis Rodríguez, la hija de El Puma.

Una figura habitual en el cine norteamericano desde que su protagónico en El espinazo del diablo de Guillermo del Toro le abrió las puertas de Hollywood, Noriega debutó en inglés en el 2008 con dos películas: Vantage Point, en la que compartió cartel con otro de los integrantes del elenco de The Last Stand, Forest Whitaker, y Transsiberian, un intenso thriller en el que actuó junto a Woody Harrelson y Ben Kingsley. Pero quien tiene en su lista de créditos filmes como Plata quemada, del argentino Marcelo Piñeyro, y Nadie conoce a nadie, de Mateo Gil, hoy salta del cine español al francés, y de allí al norteamericano.

“Lo que busco es un guión que me atrape, un director con una mirada propia, un personaje interesante que yo me vea capaz de hacer, y lo último que miro es la nacionalidad del proyecto. Y desde luego también hay una curiosidad innata por esa oportunidad que me brinda la profesión de viajar por diferentes países y culturas. Ojalá que todo pueda continuar así. Trabajar en diferentes idiomas y cinematografías, es algo muy enriquecedor”, confiesa.

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