Cine: Las Acacias

 

Una historia pequeña e intensa, en el Tower

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PILAR AYUSO

Rubén (Germán de Silva) le han dado el encargo de llevar en su camión a una desconocida, Jacinta (Hebe Duarte), en un viaje de 1,500 kilómetros desde Paraguay hasta Buenos Aires, ciudad hacia donde transporta su carga de madera de acacias. La mujer aparece con su bebé de cinco meses, Anahí (Nayra Calle Mamani), con tan admirables expresiones que a tan corta edad merece especial mención en el reparto. Pero el camionero, acostumbrado a largas jornadas de soledad, no se siente cómodo con esta eventual compañía. Así comienza Las acacias, opera prima del argentino Pablo Giorgelli que exhibe a partir del viernes el teatro Tower del Miami Dade College.

El viaje, a lo road-movie, no necesita obstáculos externos que se interpongan en el camino, porque aquí el conflicto va por dentro de los personajes. Concentrado mayoritariamente en una locación, con escasos diálogos y planos cerrados que excluyen paisajes y al propio camión - solo al final se descubre en toda su extensión-, el filme dice mucho más de lo que muestra: un hombre hosco y duro, una mujer soltera y su bebé en el estrecho espacio de la cabina de un camión, donde sin pasar nada en términos de acción, hay un mundo de soledad, fracasos e ilusiones latiendo bajo la piel de sus ocupantes. El viaje es largo y las primeras escenas, muy dilatadas, restan fluidez a la trama, pero cuando el tiempo avanza, al igual que estos fortuitos compañeros de viaje, no queremos que el trayecto acabe.

Las acacias, cuyo título es una alegoría de la dureza y nobleza de estos árboles, se alzó con la Cámara de Oro en el festival de Cannes y con más de una docena de premios en festivales del mundo. Giorgelli opta en su debut por un cine de corte minimalista, que desecha acción, música, efectos y subtramas típicos de los filmes comerciales de puro entretenimiento, para contar una historia que se parece mucho más a la vida.

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