Cine: Joven y Alocada

 

Confesión explícita de sueños eróticos

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RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE

Para Daniela, chilena de 17 años, su blog –que ella llama “mi agendita”– es el repositorio de sus pensamientos secretos, que giran en el remolino de Young and Wild (Joven y alocada), filme premiado en el Festival de Sundance. Es confesión explícita de los sueños eróticos de la juventud.

Marialy Rivas, la directora debutante, ensaya una película genuinamente experimental, con diseño tipográfico siguiendo las notas escritas en el cuaderno en la parte superior de la pantalla y la traducción al inglés en el borde inferior.

Joven y Alocada (Young and Wild) es un capítulo audaz de arriba-abajo. Al principio es difícil seguir la triple audacia, porque la fornicación y los órganos genitales tienen diferentes nombretes en el habla populachera de Chile. Hay, por ejemplo, tres acepciones distintas en cuanto al pene, incluyendo la americana. A veces da mucha risa, pues no cabe duda de lo que está mostrando el osado fotógrafo.

Daniela tiene un novio evangélico tan religioso como la familia de ella, pero en su trabajo conoce a una belleza que le permite encuentros bisexuales filmados con entusiasmo casi tridimensional, ya que este atrevido relato chileno deja bien poco a la imaginación sin jamás caer en lo grosero o grotesco.

Young and Wild es alocada pero muy cuerda cuando bucea en la mente de Daniela sin necesidad de escafandra y saca a la superficie revelaciones profundas, inquietantes y a veces tragicómicas.

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