Cine: The Incredible Burt Wonderstone

 

Farsa sin risas

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RENÉ JORDÁN

En el cine, los espectáculos de magia no funcionan porque cualquier truco de montaje puede meter un conejo dentro de un sombrero de copa sin que nadie se asombre, pero The Incredible Burt Wonderstone tenía vagas esperanzas de crear sorpresa con una pareja de prestidigitadores que llevan años atrayendo público al cabaret Bally de Las Vegas.

Burt (Steve Carell) es el dominante acaparador que opaca a Anton (Steve Buscemi), su amigo de toda la vida en pareja dispareja, oponiéndose a todos los cambios que sugiere el eterno avasallado y preocupándose de seducir en el camerino a jovencitas que como Lucy (Olivia Williams) no pasen de cierta edad. Para indignacion de Burt, le sale un contrario en Steve Gray (Jim Carrey), un extravagante locoide de la TV por cable que captura la imaginación del público e impresiona a James Gandolfini, dueño del Bally donde ya Wonderstone cesa de ser Número Uno del giro.

Burt sigue creyéndose insustituible, pierde hasta la fidelidad de Anton y se precipita a la decadencia para acabar actuando en asilos de ancianos donde encuentra recluido al ídolo de su niñez, Rance Holloway (Alan Arkin). En un par de escenas, Arkin (en pareja con Carell desde la muy superior Little Miss Sunshine) demuestra ser mucho más sutil dentro del género. Esta farsa de comediantes en decadencia no encuentra risas en un tema esencialmente depresivo. Jonathan Goldstein y John Francis Daley escribieron mucho mejor guión en la injustamente ignorada Horrible Bosses y aquí el director es el veterano Don Scardino, que lleva varias temporadas en 30 Rock, donde le es más fácil el éxito sin mucho esfuerzo en TV.

Carell tiene un rol algo antipático que necesitaba la gracia amarga de Will Ferrell. Buscemi, Arkin y Olivia Williams tienen muy poco material, dejándole el campo abierto a Carrey para robarse el show. Pero es hurto de menor cuantía, como escarbar bolsillos para huir con portamonedas en ómnibus de apretujados pasajeros.

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