Cine: Hysteria

 

Movida y divertida

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RENÉ JORDÁN | CRÍTICO DE CINE

Hysteria es una comedia picaresca acerca de la invención del vibrador eléctrico, tan atenta a no caer en pornografía que la palabra “orgasmo” no se menciona en el guión de Stephen y Jonah Lisa Dyer, un matrimonio preocupado por mantener los límites del relajo con orden.

En la era victoriana, el término “histeria” abarcaba los límites de ninfomanía, frigidez, depresión y neurastenia, exitosamente tratados por un médico londinense, el doctor Robert Dalrymple (Jonathan Pryce) aplicando un masaje genital que provocaba “paroxismos”, aliviando la tensión de las pacientes.

Con la mano ya fatigada de tantos tratamientos, el doctor Dalrymple reclutó al joven y atractivo colega doctor Mortimer Granville (Hugh Dancy), que pronto se convirtió en favorito de la elegante clientela. También con mano fatigada, el doctor Granville solicitó la ayuda de Edmund St. John-Smythe (Rupert Everett), inventor de una especie de plumero eléctrico, crudo antecesor de los modernos vibradores, pero de éxito fulminante en la sociedad londinense.

El filme no puede reducirse a semiburlón pseudodocumental médico, luego aparecen las hijas de Dalrymple, que pretende casar con su joven ayudante a la angelical frenóloga Emily (Felicity Jones), pero a Mortimer Granville quien le gusta es la menor, Charlotte (Maggie Gyllenhaal), revoltosa sufragista que pide a gritos el voto para la mujer y siempre acaba huyendo de la policía.

Con elementos tan variados, Hysteria sale movida y divertida. Se la roba el pintoresco Everett, con cercana competencia de la efervescente Gyllenhaal. La directora Tanya Wexler sazona el potaje histórico de 1890 y llega al clímax (en más de un sentido) cuando una exhistérica irrumpe a cantar el aria Sempre Libera de La Traviata.

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