Cine: Ginger & Rosa

 

Audacia apoyada en reparto

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RENÉ JORDÁN

En dos camas contiguas de un hospital de maternidad en Londres Ginger y Rosa nacieron casi al mismo tiempo en 1945. Sus madres, vecinas del mismo edificio, se preocuparon de que crecieran como íntimas amigas en vidas paralelas pero diferentes. Se supone que la pelirroja Ginger sea impetuosa y la trigueña Rosa de temperamento apacible, pero es al revés, como demuestran en 1962.

Apenas cumplidos los 14 años, reaccionan de distinto modo a la crisis de los cohetes atómicos situados por los rusos en Cuba. Cunde el terror a la Tercera Guerra Mundial con holocausto nuclear del que no escapará Inglaterra.

Con el ejemplo de Rosa, la tímida Ginger aprende a fumar cigarrillos y a flirtear con chicos. Pero de su padre ha heredado posición radical en política y se lanza a protestas callejeras contra la Bomba. Rosa se despreocupa y satisface su curiosidad sexual con el vecino más próximo, que resulta ser el muy atractivo papá de Ginger. La amiga se siente traicionada, además de celosa, porque con nadie quiere compartir a Jason (Alessandro Nivola). Se disuelve el matrimonio de Jason y Louisa (Christina Hendricks). La situación se agrava porque Rosa (Alice Englert) ha quedado encinta y su madre (Jodhi May) toma actitud de recia intolerancia.

La guionista/directora Sally Potter no se asusta ante temas espinosos: surgió a la fama con el jeroglífico sexual de Orlando y su nuevo filme es aun más audaz. Ginger describe sus conflictos en poemas y confía sus decisiones a un trío de excéntricos padrinos: la exaltada feminista (Annette Bening) y el matrimonio gay de Timothy Spall y Oliver Platt. Son ellos los que ponen fianza para sacar de la cárcel a la ahijada Ginger, bajo arresto tras tumultuosa manifestacion antinuclear.

Potter maneja con emotiva seguridad un brillante reparto de personajes conflictivos que no llegan a expedita solución de happy ending. Sobre todo y ante todo, Elle Fanning logra una actuación fenomenal, fotografiada en reveladores primeros planos que nada dejan a la imaginación: con casi avara economía de gestos lo expresa todo y sugiere aun más.

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