Cine en blanco y negro: Blancanieves

 

De España, con traje de torera

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PILAR AYUSO

Blancanieves nace en España y se viste de torera en la última producción de Pablo Berger. Y no es esta la única originalidad del filme basado en el famoso cuento de los hermanos Grimm que se llevó casi todos los Goyas del 2013, también es mudo, gótico y en blanco y negro, lo que le da un aire vetusto muy particular.

Carmen de Triana (Inma Cuesta) y Antonio Villalta (Daniel Giménez Cacho) son los progenitores de una niña (Sofía Oria) que nacerá marcada por una maldición. Estamos a principios de siglo pasado en la Sevilla del flamenco, las corridas de toros, las mantillas y las peinetas. El, torero, cae embestido por un toro, ella, cantaora, muere de parto, y la niña Carmen que heredó la gracia gitana y la destreza de matador cae en las garras de la bruja Encarna (soberbia actuación de Maribel Verdú), que quiere ser la única estrella de las portadas de las revistas de moda y se va de caza con sus galgos mientras la huerfanita es una esclava más en su palacio.

Sin diálogos ni colores, el director bilbaíno llena la imagen de tal expresionismo que sus cartelitos sobran. La música original de Alfonso de Vilallonga realza cada imagen con intensa elocuencia y nos adentra en los evocadores y hermosos pasajes de este típico cuento infantil, con mucho de macabro y siniestro, y donde el bien y el mal son tan marcadamente opuestos como el blanco y el negro de las imágenes.

No contento con una cruel madrastra, Berger aprieta aun más las cuerdas de la maldad. El cazador que en el bosque de los Grimm le perdona la vida a Blancanieves es en esta versión un tipo tan desalmado como su ama y hasta uno de los enanos, el gruñón, es aquí un vengativo y ruin hombrecillo.

Lo menos feliz del filme es su dilatado preámbulo dramático que termina abarcando buena parte de la historia, y para que la niña crezca y se convierta en Blancanieves (Macarena García) con la aparición de los tan esperados siete enanos –que aquí son seis y toreros–, hay que haber visto media película. Pero vale la pena quedarse en este cuento de hadas español y ver el sublime final que nos reserva Berger.

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